Hemeroteca

Extensión de la infalibilidad pontificia

Tesis: Son objeto de la infalibilidad no solamente las verdades en sí mismas reveladas, sino también aquellas otras que están en conexión necesaria con las verdades reveladas.
Objeto de la infalibilidad en general son todas aquellas verdades que pueden ser enseñadas por la Iglesia infaliblemente.
(P. Salaverri, S.J.: «De Ecclesia Christi», en Sacrae Theologiae Summa, Madrid, BAC, 1958, p. 735 ss.)

La perfección y los preceptos evangélicos se dirigen a todos

Quien «vive según la carne» siente la ley de Dios como un peso, más aún, como una negación o, de cualquier modo, como una restricción de la propia libertad. En cambio, quien está movido por el amor y «vive según el Espíritu» (Ga 5, 16), y desea servir a los demás, encuentra en la ley de Dios el camino fundamental y necesario para practicar el amor libremente elegido y vivido.

El santo Rosario, una oración universal

osep Torras i Bages, Obres Completas IX, Últimes pastorales, recull d’altres escrits, 1925, 102-103.
Para entender estos misterios, e identificar con ellos la vida del pueblo cristiano, la Inmaculada Virgen María inspiró a Santo Domingo de Guzmán la composición del Rosario, que ha sido durante muchos siglos, y es también hoy, la fórmula más general de la oración cristiana, la voz suplicante de todo el pueblo redimido por la sangre de Jesucristo

Consecuencias de la negación de la encarnación en el islam

William Kilpatrick, profesor en el Boston College durante tres décadas y autor de numerosos libros sobre distintos aspectos del islam, ha publicado un artículo en Crisis Magazine en el que aborda las consecuencias de la negación musulmana de la encarnación de Jesucristo, despojado así de su divinidad y, también, de su humanidad.

San José, padre del Hijo de Dios

Fragmento del sermón predicado por J.B. Bossuet primeramente el 19 de marzo de 1657 en los Feuillants de la rue Saint-Honoré y, por segunda vez, el 19 de marzo de 1659 en las carmelitas de la rue Saint-Jacques: «De los tres depósitos confiados a san José: primero, la santa virginidad de María; segundo, la persona de Jesucristo; tercero, el secreto del misterio de la Encarnación».