Santa Teresita de Lisieux, madre espiritual de sacerdotes

Al entrar en el Carmelo, Teresita de Lisieux declara el fin de su vocación: «He venido para salvar almas, y, sobre todo, para orar por los sacerdotes». Considerando el estado actual de la Iglesia, particularmente en Chile, contexto en el cual escribo, ojalá este deseo de interceder por nuestros ministros vuelva a resonar con fuerza en los corazones cristianos.

«Quiero hacer amar al Amor»

La vida de santa Teresa del Niño Jesús no se acaba con la consumación del holocausto, sino que tanto para ella como para nosotros, entonces es cuando propiamente comienza. A ella, en el punto y hora de su muerte es cuando Dios se le da plenamente en la gloria, y por esto la santa Iglesia suele llamar el día de la muerte de los santos, día de su nacimiento para el Cielo.

Marcelo Van, el «hermanito» de santa Teresita

El pasado 2018 nos llegó a las librerías la magnífica autobiografía de Marcelo Van, un joven religioso vietnamita. Poco se sabía aquí de las proezas de este religioso redentorista en proceso de beatificación; sin embargo, su vida merece la pena ser conocida porque, al igual que su hermanita espiritual santa Teresita,

Los papas y santa Teresa de Lisieux

La forma en diminutivo con que el nombre de bautismo de esta santa suele presentarse obedece al que ella misma humildemente esperaba e incluso deseaba que le aplicasen después de su tránsito a la vida del Cielo. Reconocía ella que entre los santos se daba una diversidad de casos en cuanto a la memoria que de ellos se tiene en la Iglesia y en el mundo.

Celia Guérin: semblanza de una madre santa

Celia Guérin nace el 23 de diciembre de 1831 en un caserío del villorrio de Gardelain. Su padre, Isidoro, era un militar, riguroso y con un gran amor por sus hijos; su madre, Luisa, era una mujer piadosa pero muy poco cariñosa, y dura en exceso. Celia tuvo dos hermanos: María Luisa, dos años mayor y que llegó a ser religiosa de la Visitación, con quien se sentía muy unida, e Isidoro, diez años menor, «el mimado», en expresión de Celia, y de quien conservamos una abundante correspondencia entre Celia y él.

El pacto de san Maximiliano Mª Kolbe con santa Teresita

«No me asuste mi gran debilidad, pues todos los tesoros de la madre son también de la hija y yo soy hija tuya, Madre mía querida… ¿Acaso no son mías tus virtudes y tu amor también mío? Así, cuando la pura y blanca Hostia baja a mi corazón, tu Cordero Jesús sueña estar reposando en ti misma, María». Teresita, que bien pequeña perdió a su madre, encontró en la Santísima Virgen la Madre que, haciéndola toda suya, le daría todos los «tesoros» de su Corazón; entre ellos el más valioso: a su Hijo Jesús. Tal era la filiación con María de esta santa carmelita, que llegaría a decir: «La Santísima Virgen es la Reina del Cielo y la Tierra, pero es más Madre que Reina». Poesía «Porqué te amo, María», estrf. 4-7