Año jubilar del centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque

En este año 2020 los devotos del Corazón de Jesús celebramos el centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque, la mensajera enviada por Dios para darnos a conocer el misterio del Corazón de Jesucristo, mendigo de nuestro amor en correspondencia al suyo. Con tal motivo la Santa Sede ha concedido un Año jubilar para todos los monasterios de la Orden de la Visitación, desde el 16 de octubre de 2019 hasta su fiesta, el 17 de octubre de 2020.

Las apariciones a santa Margarita María y el magisterio de la Iglesia

En la carta apostólica Inde a primis, de 30 de junio de 1960, y como de pasada, escribía el papa san Juan XXIII este juicio: «… el culto al sacratísimo Corazón de Jesús, a cuya plena y perfecta constitución y a cuya difusión por todo el mundo en tanto grado contribuyeron las cosas que Cristo, el Señor, mostrando su sacrosanto Corazón, manifestó a santa Margarita María de Alacoque…».

Percibir la mirada del Corazón de Cristo

Los bienes que se siguen de la devoción y el culto al Corazón de Jesús son de todo orden. Decía D. Francisco Canals que tendríamos que esforzarnos constante y conscientemente en convencernos de que si somos fieles al propósito de ser fieles a la devoción y culto del Corazón de Cristo, de querer ser apóstoles del Corazón de Jesús, se darán en nosotros las bendiciones y gracias que el Sagrado Corazón de Jesús prometió a santa Margarita.

Ernest Hello y el Sagrado Corazón

Ernest Hello es uno de los grandes escritores católicos franceses del siglo xix, aunque mucho menos conocido que la mayoría de sus coetáneos. Fervoroso, combativo, de profundas convicciones, Hello dedicó su vida a defender a la Iglesia desde su finca familiar en Keroman, en la Bretaña francesa, donde pasó su vida junto a su esposa, que dedicó su vida a cuidar de su marido, aquejado desde su infancia de una enfermedad en los huesos.

¡Reconoce, hombre, tu dignidad!

Hoy en día, cuando frente a nuestros ojos vemos pisotearse de modos cada vez más viles la dignidad humana, y cuando Dios, en un supremo acto de afirmación de la persona humana por su Resurrección nos ha enriquecido con dones más excelentes que aquellos de los que gozábamos en el Paraíso antes de la caída, queremos fijar nuestra atención en las razones de fondo de esta alta dignidad del ser humano tan olvidada o denostada en nuestro tiempo.