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John Henry Newman. Su búsqueda de la verdad

John Henry Newman era el primogénito de seis hijos. Nació en Londres (21 de febrero de 1801) y fue bautizado en la iglesia anglicana de Saint Bennet Fink. Su madre, Jemina Fourdrinier, de origen hugonote francés, influye en su educación. Su padre, John Newman, un hombre emprendedor, fue subiendo de posición a nivel social hasta convertirse en banquero. Pero luego de varios años de éxito, cayó en bancarrota.

Las siete reglas de Newman para distinguir el auténtico desarrollo doctrinal

El Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana es una de las obras magnas de John Henry Newman, un verdadero tour de force en el que Newman vierte todo su extenso y profundo conocimiento acerca de las controversias de los primeros siglos de la Iglesia, un campo en el que se convirtió probablemente en el mayor erudito de su tiempo y que fue clave para que cruzase el Tíber, él que, tras estudiar a fondo el arrianismo y demostrar sus errores, un día comprendió con horror, por gracia de Dios, que su posición era análoga a la de los arrianos.

«Securus iudicat orbis terrarum»: un episodio agustiniano decisivo en la conversión de J. H. Newman

En la trayectoria que condujo a John Henry Newman hasta el seno de la Iglesia católica, desempeñó un papel muy relevante su estudio de los Padres de la Iglesia. Si a ello añadimos la notable influencia de Newman en los padres conciliares del Vaticano II y su presencia en el mismo Catecismo de la Iglesia católica, donde aparece citado en apartados relacionados con la naturaleza de la fe y de la conciencia, resulta adecuado presentar algún paralelismo en tal ámbito entre Newman y san Agustín.

El Sagrado Corazón y la Eucaristía

Al conmemorar el centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, a las plegarias de alabanza y agradecimiento al Corazón divino por su amor misericordioso, se unirán fervientes súplicas para el cumplimiento de la Gran Promesa al beato Bernardo de Hoyos: «Reinaré en España y con más veneración que en otras partes». Una petición que anhelan muchos corazones, desde tantos rincones de nuestra patria.

La adoración perpetua

Cuando se habla de adoración perpetua de la Eucaristía es necesario explicar qué se entiende por tal. En este artículo me referiré a la adoración perpetua en sentido estricto: adoración día y noche sin interrupción y durante todos los días del año.

«Catequesis de amor de don Luis de Trelles a su hija, María del Espíritu Santo». La Eucaristía y el Sagrado Corazón

Me complace presentar en este artículo uno de los textos más entrañables del venerable don Luis de Trelles. Digo entrañables porque, aunque nos va a sorprender en algunas expresiones de su contenido con aciertos tan vigorosos como el de afirmar que el cielo no es otra cosa que una comunión continuada, claro que con un Dios no escondido: o que hemos nacido para Dios y la comunión eucarística es el medio mejor de llegar, encuentro tras encuentro,

La adoración eucarística y las jornadas mundiales de la juventud

Si nos detenemos un momento a pensar en nuestra realidad cercana, podemos percatarnos fácilmente de que, en mayor o menor medida, al joven actual, cada vez se le hace más difícil encontrar un punto de referencia estable y firme que le ayude a comprender quién es y para qué (o quién) vive. Parece extraño explicar que en ese momento de la vida donde uno siente y tiene más fuerza y energía, a su vez se experimente el temor y la incapacidad para comprometer la propia vida a aquellos proyectos vitales que nos orientan hacia un claro camino.

Fra Angélico, «una oración pintada»

Con motivo de la actual exposición «Fra Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia» que se exhibe en el Museo del Prado nuestro colaborador Guillermo Pons ha escrito el presente artículo que analiza la obra de este excelente pintor cuya profunda devoción religiosa inspiró toda su pintura. Esta exposición, en la que participan más de 40 prestadores de Europa y América, gravita alrededor de «La Anunciación» del Museo de El Prado, que se exhibe ahora en toda su plenitud tras su reciente restauración, y junto a ella se pueden contemplar la «Virgen de la Granada», incorporada a la colección de El Prado en 2016.