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La devoción del papa Francisco a san José

La elección de un nuevo papa

Hace ya cinco años, el 13 de marzo de 2013, los miembros del colegio cardenalicio eligieron al nuevo sucesor de Pedro: el papa Francisco. Sus primeras palabras, después de saludar brevemente, fueron para pedir una oración por el papa emérito Benedicto XVI y también por él mismo: «Quisiera darles la bendición, pero antes pido un favor. Antes de que el Obispo bendiga al pueblo, pido para que Dios bendiga a su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes para mí».

Estamos llamados a perderlo todo como Cristo en la cruz

El pasado mes de agosto con motivo del 700º aniversario de la fundación de las diócesis francesas de Luçon y Maillezais, pertenecientes a la histórica región de la Vendée el cardenal Sarah visitó dichas diócesis e hizo un alto en le camino para rezar frente a la tumba de San Luis María Griginion de Montfort. Reproducimos en este número la homilía del cardenal Sarah en Saint-Laurent-sur-Sèvre, por ser apropiada para meditar durante la semana santa.

Una argumentación moral a la luz de la «Humanae vitae»

Es difícil comprender la enseñanza de la Humanae vitae si no se tiene presente el contexto moral en el que se sitúa. Por eso conviene plantear correctamente la pregunta para ver con claridad la solución. De un modo simple podríamos formularla así: asumiendo la legitimidad de espaciar o incluso evitar indefinidamente la prole, ¿es lícito usar anticonceptivos? Para entenderlo conviene comprender las dos partes de la proposición.

La enseñanza de la «Humanae vitae», garantía de fidelidad conyugal

Hay alguna relación entre la enseñanza de la encíclica Humanae vitae (HV), en la que el papa Pablo VI enseñó la inmoralidad del uso de los anticonceptivos en el acto conyugal, y la unión matrimonial por la que los esposos se mantienen fieles el uno al otro? Dicho de otra manera, ¿tiene algo que ver el gran número de separaciones y divorcios a los que asistimos con el uso masivo de la anticoncepción en la vida matrimonial?

Los hijos son un don de Dios

El amor siempre da vida. Por esta razón, el amor conyugal no se agota dentro de la pareja (…). Los cónyuges, mientras se dan entre ellos, donan más allá de sí mismos la realidad del hijo, vivo reflejo de su amor» (Amoris laetitia, 165).