Rusia, 1917. El sueño roto de un mundo nunca visto.

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Con motivo del centenario de la Revolución rusa han visto la luz diferentes publicaciones en torno a la toma de poder del partido bolchevique. Rusia, 1917 merece una mención especial. El libro es una colaboración de tres investigadores de la Fundazione Russia Cristiana nacida en 1957 con la finalidad de dar a conocer en Occidente la riqueza de la tradición espiritual, cultural y litúrgica de la Ortodoxia rusa, favorecer el diálogo ecuménico y contribuir a la presencia cristiana en Rusia.
La obra describe con agilidad y detalle los hechos de 1917 y 1918, colocándolos en su contexto. Presenta un cuadro de Rusia en 1917 bastante diferente al referido en la historiografía en general que alimenta el mito del retraso de Rusia. Ciertamente estaba retrasada respecto a las grandes potencias europeas en algunos aspectos, pero su tasa de industrialización, alfabetización y eficacia agraria estaba creciendo muy rápido y superaba o igualaba a los de varios países europeos. Había una importante vida cultural y científica.
Otro aspecto que es bastante desconocido es la epidemia de terrorismo político (anarquistas, socialistas, etc…) que hubo de 1865 a 1900. Los terroristas políticos mataron a unas cien personas, en atentados personales. La cosa se aceleró con el nuevo siglo: de 1900 a 1917, los terroristas pasaron a las matanzas colectivas con bombas, con 11.000 muertos en 17 años. Entre 1905 y 1911 el Estado respondió con 2.500 condenas a muerte.
Una vez ha triunfado la revolución y la promulgación del Decreto de Terror Rojo que atribuye a la Checa como órgano de justicia sumaria y extrajudicial los autores del libro han querido mostrar cómo los primeras medidas del régimen bolchevique fueron encaminados no sólo a crear nuevas estructuras económicas, jurídicas y políticas sino a construir una nueva sociedad compuesta de hombres nuevos. Para lograr este hombre nuevo soviético la vieja humanidad será reeducada radicalmente, o eliminada en los casos en que ésta sea irrecuperable como lo había dicho Lenin en varias ocasiones.
La creación de ese hombre nuevo pasa por hacer desaparecer la familia en Rusia; matrimonio civil, divorcio, aborto (Rusia será el primer país del mundo en legalizarlo) y con ella la sistemática persecución a la Iglesia.
Otro aspecto que hace especial a Rusia, 1917, es que todo el análisis de los hechos es puntuado por comentarios y textos de grandes autores rusos, filósofos exmarxistas retornados al cristianismo, especialmente tres: Nikolai Berdiáev, Serguei Bulgákov y Semion Frank. Los tres estarían en 1922 entre las 160 personas expulsadas de la URSS en el llamado «barco de los filósofos» El libro recoge muchos de sus textos anteriores, sobre todo de 1917 y 1918, alguno posterior a la expulsión.
La tesis de estos autores es que Rusia ya había quedado agujereada como una manzana bajo el gusano del nihilismo, la increencia, cierto protestantismo liberal sin fe y una religiosidad «como de funcionario». El marxismo funcionó, dicen, como una religión nueva, y por eso debía sustituir a la antigua. En definitiva, la idea de Berdiaev, de que la revolución bolchevique es fruto del pecado del hombre ruso, un hombre que en el momento de la Revolución se había encontrado vacío. Y aunque el mal que padecía no era exclusivamente ruso, sino compartido también por Europa, sin embargo, por las singulares características del hombre ruso y de su historia, la Revolución triunfó en ella y no en otro lugar.