La revolución sexual en España

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En España la llamada «revolución sexual» no ha sido objeto de un gran debate social, ni ha sido, hasta muy recientes fechas, objeto de un estudio y análisis abierto. Más bien ha sido una revolución silenciosa que ha ido poco a poco cambiando las costumbres y las mentes de los españoles. Su introducción, como ocurre con tantas ideologías, ha sido propiciada por ciertas corrientes filosóficas, de cuyas directrices se han hecho eco las universidades, y por el trabajo de las ONG de carácter internacional que han ido difundiendo estas mismas directrices de la ONU y del Parlamento Europeo en los distintos partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales y medios de comunicación social.
El caldo de cultivo para el éxito de esta revolución en España fue en un primer momento el cambio de régimen con el comienzo de la democracia y el «aggiornamento» eclesial que siguió a la celebración del Concilio Vaticano II. El llamado «post-concilio» y el nuevo régimen de libertades crearon un clima favorable para aceptar toda novedad por el simple hecho de ser «nueva», sin discernir su bondad o maldad, ni prever sus consecuencias devastadoras. Así se fueron introduciendo las nuevas leyes del divorcio (1981), la despenalización del aborto (1985), la ley sobre técnicas de Reproducción Asistida (1988), la ley que permite el así llamado matrimonio civil entre personas del mismo sexo (2005), la ley del divorcio «exprés» y del «repudio» (2005), la introducción de la asignatura «Educación para la ciudadanía» que hacía presente la ideología de género en la escuela (2006), la nueva ley sobre técnicas de reproducción humana asistida (2006), la ley Aido sobre la interrupción del embarazo y la salud sexual y reproductiva (2010), la ley de investigación biomédica (2011), hasta llegar a las leyes autonómicas sobre «Identidad y expresión de género e igualdad social y no discriminación» (Madrid, 2016), la ley sobre transexualidad (Valencia, 2017), etc.
En estos momentos está presentada una proposición de ley nacional sobre no discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género… auspiciada por el partido Unidos-Podemos (2017). Es verdad que en todo este proceso, que ha cambiado el sistema jurídico español, no ha faltado la voz del episcopado español que advertía sobre los distintos pasos de la «revolución sexual», que en realidad es una «revolución antropológica», y denunciaba la introducción de las nuevas leyes previniendo las consecuencias funestas. En este sentido el primer documento de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que introduce una reflexión explícita sobre la «revolución sexual» es la instrucción «La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad» (2001). Esta instrucción pastoral fue en su momento muy bien recibida por el cuerpo eclesial que se veía enriquecido con toda la reflexión sobre la teología del cuerpo y la antropología adecuada promovida por el papa san Juan Pablo II.
El segundo documento de la CEE fue, después de largos debates, el Directorio de la pastoral familiar en España (2003) que cumplía las indicaciones de la exhortación postsinodal Familiaris consortio (1981). Este Directorio fue presentado en plena campaña electoral y sufrió las críticas de la izquierda política, fundamentalmente del que sería el nuevo presidente del gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, quien se centró sobre todo en el epígrafe «los frutos amargos de la revolución sexual» (Directorio, 11-12).
Además de las distintas notas publicadas por la Comisión permanente y el Ejecutivo de la CEE, en el año 2012 la asamblea plenaria del episcopado español aprobó el documento titulado La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar, respondiendo a la imposición de la asignatura «Educación para la ciudadanía» por medio de la cual, el gobierno socialista introducía la ideología de género en el currículum escolar de la enseñanza en España. Con ello, los obispos españoles ofrecían por primera vez una reflexión pormenorizada sobre la ideología de género y sus derivaciones en la teoría «queer» y «cyborg», etc.
La verdad es que el carácter obligatorio de la asignatura «Educación para la ciudadanía» motivó una gran movilización de los padres y colegios que presentaban su objeción de conciencia ante tal imposición. Más allá de las grandes movilizaciones sociales a favor de la vida, la «Educación para la ciudadanía» y la equiparación de las uniones de personas del mismo sexo al matrimonio supusieron un salto cualitativo en la movilización social y en el conocimiento de los verdaderos propósitos de la «revolución sexual».
También hay que reconocer que la respuesta de los padres objetores y la respuesta social ante el «tsunami» de leyes que se aprobaban en contra de la vida humana, del matrimonio natural y de la familia, por distintas razones, se fue diluyendo poco a poco y la «revolución sexual» ha ido avanzando con la normalización de la ideología de género y las leyes autonómicas sobre la no discriminación por la orientación sexual y la transexualidad como hemos referido anteriormente.
A pesar de estos avances de la «revolución sexual», también podemos afirmar que en el campo eclesial y en una buena parte de la po-
blación se ha tomado una mayor conciencia de quienes son los aliados de esta revolución, cuales los métodos seguidos para hacerla avanzar y cuál es el último propósito que se persigue. A pesar de las diferencias iniciales hoy queda patente que todos los partidos políticos mayoritarios presentes en el Parlamento nacional y la casi totalidad de los medios de comunicación social participan de los mismos presupuestos referentes a la antropología, la vida humana, el matrimonio y la familia.
Es más, cada vez se ha tomado mayor conciencia de que no se trata de una cuestión española, sino que también son aliados de la «revolución sexual» el Parlamento Europeo, la ONU y las grandes multinacionales con sus fundaciones respectivas que promueven la agenesia, con el título de salud reproductiva y la deconstrucción de la antropología cristiana, la cultura que deriva de la fe cristiana y la disolución del matrimonio y de la familia.
Los métodos utilizados han sido desde la manipulación del lenguaje, pasando por la introducción de los nuevos estándares para la educación sexual, hasta la formulación de nuevos derechos que se han visto reflejados en las nuevas leyes aprobadas en un breve espacio de tiempo. Creo que con todo esto queda claro que el último propósito es acabar con la civilización cristiana y, en definitiva, doblegar a la Iglesia católica como ha sucedido con otras confesiones cristianas.
(…) La autora es consciente de que no se trata de un movimiento espontáneo provocado por unas circunstancias históricas que se localizan en Alemania o en Francia con la revuelta estudiantil de mayo de 1968. Es algo que viene de mucho antes y que se ha ido concretando en una agenda global a la que sirven tanto las estructuras internacionales (ONU y sus agencias) como las organizaciones europeas y los parlamentos nacionales y regionales. Como la misma autora ha indicado en varias ocasiones, no pretende especular sobre el último responsable que algunos nombran como mundialismo, Nuevo Orden Mundial, Gran Dinero, etc. En definitiva se trata de los poderes que gobiernan el mundo contra el designio de Dios creador y redentor sobre la persona, el matrimonio y la familia. La gracia de la conversión le concede la luz necesaria a Gabriele Kuby para compren-
der que se trata de destruir la civilización cristiana asentada sobre la antropología que confiesa que el hombre, diversificado sexualmente como varón y como mujer, ha sido creado a imagen de Dios y que en su sexualidad lleva la huella de su vocación originaria al amor y a la lógica del don.