Aprobado el milagro que permitirá la canonización de los padres de santa Teresita

Email this to someonePrint this pageShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

Si la curación en 2002 de un niño italiano aquejado de una grave malformación pulmonar fue el milagro que permitió la beatificación de Luis Martin y Celia Guérin, la curación en 2008 de una niña española, nacida prematuramente con múltiples y graves patologías (entre ellas una doble septicemia y una hemorragia cerebral intraventricular izquierda grado IV, que se complicó con problemas en el corazón y en los pulmones), ha sido el milagro que permitirá la inscripción de los padres de santa Teresita del Niño Jesús en el Catálogo de los santos. Así lo manifestó el papa Francisco el pasado 18 de marzo al autorizar a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto que certifica dicho milagro.

Ahora, el camino hacia la canonización continuará su curso (será el primer matrimonio canonizado conjuntamente) y se espera que concluya antes de la celebración del Sínodo ordinario de los obispos sobre la Familia programado entre el 4 y el 25 de octubre de 2015. De hecho, el papa Francisco ya encomendó los trabajos del Sínodo extraordinario sobre la Familia del pasado mes de octubre a santa Teresita y a dos matrimonios beatos, los Martin Guérin y los Beltrame Quattrocchi, mandando traer a Roma sus reliquias para pedir por el bien de los trabajos del Sínodo.

Durante la ceremonia de beatificación de Luis y Celia Martin Guérin el cardenal Saraiva Martins propuso a los padres de santa Teresita como testimonio del radicalismo que exige el compromiso evangélico de la vocación al matrimonio hasta el heroísmo. «No temieron hacerse violencia a sí mismos para arrebatar el Reino de los Cielos, y así se convirtieron en luz del mundo, que hoy la Iglesia pone en el candelero a fin de que brillen para todos los que están en la casa (la Iglesia)». Ahora, la próxima canonización de los beatos Martin Guérin, cuyo «ejemplo de vida cristiana es como una ciudad situada en la cima de un monte, que no puede ocultarse», constituye un nuevo motivo de esperanza de cara a los frutos que se esperan obtener de los trabajos en torno a «la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo» que tendrán lugar durante el mencionado Sínodo de las Familias.