Don Bosco y la aprobación de la Sociedad salesiana

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Cuando Don Bosco empezó la redacción de las reglas de su Congregación quiso ojear las de otras congregaciones para inspirarse con la experiencia ajena, pero no halló quien se las prestara, pues las comunidades religiosas las guardan muy celosamente. No pudiendo, se decidió a hacerlo según lo sugerido por su propia experiencia y los consejos de personas prudentes. ¡Increíble! Una de estas personas fue el ministro Ratazzi, padre de la ley de desamortización en el reino del Piamonte. Liberal empedernido, alarmado ante el avance de las ideas antisociales, preguntó a Don Bosco si había tomado medidas para su sucesión. «Debe reunir compañeros de confianza y formar una sociedad imbuida en su espíritu y práctica en sus métodos para que continúe su trabajo cuando Ud. ya no esté. Formen una sociedad de nuestro tiempo, le dijo, que no sea mano muerta, en la que los bienes no pertenezcan a un ente moral que no pueda disponer de ellos, sino a los socios; que conserven su derechos civiles, obedezcan las leyes del Estado, paguen impuestos, sean una sociedad de hombre libres, que vivan juntos por un fin benéfico». Don Bosco aceptó la idea y miró de ponerla, al menos parcialmente, en las reglas de su Sociedad. Esto ocurría en 1853.

En febrero de 1858, Don Bosco va a Roma a ver a Pío IX con las reglas de la Congregación bajo el brazo a fin de averiguar si puede seguir por el camino emprendido. Le expone la idea sobre su fundación y el Papa le anima a realizarlo pero le advierte que la nueva forma de congregación ha de ser tal que la respeten los gobiernos. ¡Ni el Papa ni Don Bosco se imaginaban las dificultades, las oposiciones, las batallas que iban a librarse alrededor de estas reglas!

Tras cuatro años de espera, desde el 58 al 62, sin obtener ninguna contestación de Roma, Don Bosco considera que tiene la bendición del Papa y reúne a los veintidós novicios que leen una pequeña fórmula para comprometerse temporalmente con votos de obediencia, pobreza y castidad. Muchos jóvenes esperaban este inicio y en enero del año siguiente ya eran 39 novicios. Acababa de ser nombrado arzobispo de Turín monseñor Ricardi, que siempre mantuvo una fuerte oposición a Don Bosco, al igual que otros muchos obispos, pues muchos jóvenes deseaban incorporarse como novicios a la Sociedad salesiana de Don Bosco en vez de incorporarse al seminario diocesano de las diferentes diócesis. Por otro lado criticaban la deficiente formación teológica que Don Bosco les daba, cosa que luego se mostró completamente falsa. Las dificultades principales que la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares veía en las reglas de la nueva Sociedad era que eran muy simples, que había una contradicción entre el voto de pobreza y la facultad de conservar el patrimonio particular de los miembros, los clérigos mezclados con los artesanos provocaba una falta de espíritu sacerdotal y los estudios deficientes, según algunos.

En octubre de 1868, el secretario de la Sagrada Congregación, monseñor Svegliati comunica oficialmente a Don Bosco que no se aprueban sus reglas ni se conceden las facultades que solicita. Don Bosco recibe un golpe mortal, pero no se desanima.

En enero del 69 va a Roma y el cardenal Benardi, miembro de la Sagrada Congregación, opuesto a la creación de la Sociedad, le pide el favor de que cure a un sobrino suyo gravemente enfermo. Don Bosco dice que pidan a María Auxiliadora la curación y ésta ocurre en dos días. El cardenal se ofrece a Don Bosco para lo que quiera, el cual le dice que hable al Papa a favor de la Sociedad salesiana. ¡El primer adversario convertido en paladín!

Don Bosco también tiene como adversario al cardenal Antonelli, Secretario de Estado, que está inmóvil en una silla por un fuerte ataque de gota, y le insta a que al día siguiente vaya a ver al Papa para hablarle a favor de su pía Sociedad. El cardenal le obsta a que vea su situación de inmovilidad a lo que el santo le dice que al día siguiente se podrá levantar si le promete a la Virgen hablar en favor de su Sociedad al Papa. Al día siguiente Pío IX se queda atónito al ver aparecer a Antonelli, a quien creía en situación muy apurada. ¡María Auxiliadora le echa otra mano a Don Bosco!

Pío IX había advertido a Don Bosco que el principal adversario era el secretario de la Sagrada Congregación, monseñor Svegliati y Pío IX, que siempre había sido favorable, no quería aprobar la Sociedad en contra de la opinión de sus consultores. Don Bosco, sin ninguna duda, se fue a ver a Svegliati y le ruega que interponga su influencia ante el Papa a favor suyo. Svegliati le dice que él está en contra y además que tiene una tos y una gripe muy fuerte que le tienen en cama desde hace días. Don Bosco le dice que si ha de ir a ver al Papa para hablarle en favor de su Sociedad salesiana, María Auxiliadora le curará de su tos y de su gripe y mañana mismo podrá ir a ver al Papa.

El Papa al ver a monseñor Svegliati hablando a favor de Don Bosco sonríe y piensa que Don Bosco ha conseguido la unanimidad.

La Pía Sociedad Salesiana se aprobó el 19 de febrero de 1869.