La desaparición de los niños con síndrome de Down

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Entre la indiferencia y el silencio cómplice, los niños con síndrome de Down son cada vez más escasos: detectados antes de nacer, son eliminados masivamente en cada vez más países. En Estados Unidos son ya el 67% de los niños con síndrome de Down los que son asesinados antes de nacer. En Europa, tierra de progreso, vamos muy por delante: más del 90% son abortados en Italia, Alemania, Francia, Suiza, Inglaterra o Bélgica. En Dinamarca ya han llegado al 98%. En España no existen datos oficiales, pero un estudio de Down España cifraba en un 96% los niños down abortados en 2009. Pero los más avanzados son los islandeses a quienes no se les escapa ni un solo niño Down; el 100% ha sido interceptado y eliminado. Islandia es la prefiguración del mundo al que nos dirigimos, un mundo «libre» de niños con síndrome de Down.
Mientras en Europa el silencio es casi total sobre este tema tabú, en Estados Unidos hay algunas reacciones. En diciembre de 2017 el gobernador de Ohio, John Kasich, decretó la «Down Syndrome Non-discrimination Act», por la que se prohibía el aborto de los niños Down. Tres meses después, en marzo de este año, el juez Timothy Black detuvo su aplicación. Ahora la batalla legal se resolverá en instancias superiores. Lo mismo ha ocurrido en Indiana y Luisiana. Solamente en Dakota del Norte ha entrado en vigor una ley de este tipo.
Son algunas de las resistencias, pequeñas y limitadas pero valerosas, a lo que bien puede llamarse «genocidio de los Down». Si genocidio es «cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal», basta añadir a los rasgos que determinan al grupo el de «cromosómico» para que la definición encaje a la perfección.
Al acabar la segunda guerra mundial el mundo entero se horrorizó al tomar conciencia plena de los planes eugenésicos aplicados salvajemente por Hitler. Hoy, la eugenesia ha regresado, sin hacer ruido, incluso con discursos de abnegada filantropía, pero el resultado es el mismo: el exterminio de un tipo de seres humanos, en este caso los que tienen un cromosoma de más, con los que no deseamos convivir.