Schola Cordis Iesu, la revista Cristiandad y el Corazón Inmaculado de María

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Al Reino de Cristo por los corazones de Jesús y María

El 1 de enero de 1954, Año Mariano, centenario de la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María, la revista Cristiandad explicaba como en el perseverante servicio al ideal expresado en la fórmula del padre Enrique Ramière: «Al Reino de Cristo por la devoción a su Sagrado Corazón», quería perfeccionar este su lema, que había acompañado a su título desde su aparición, y desde enero de 1952 se consagraba explícitamente también al Corazón Inmaculado de María, expresando así su esperanza en la mediación de este Corazón Inmaculado como instrumento querido por Dios para el advenimiento del «Reinado del Sagrado Corazón de Jesús» sobre este mundo.
En el número del 15 de noviembre de 1951, uno de sus redactores, bajo iniciales J.B., explicaba así cómo surgió la inspiración de consagrar «Schola Cordis Iesu» al Inmaculado Corazón de María Medianera de todas las gracias y su incorporación al innovado lema de la revista.
Fue tras la solemne clausura del Año Santo en Fátima, cuando unos amigos de Cristiandad, reunidos entre otros con una interlocutora de excepción, la escritora y publicista polaca Marysia Winowska, trataban en animado coloquio de cómo las modernas apariciones y revelaciones de la Virgen María, desde que se aparece a Catalina Labouré en Rue du Bac en 1830 diseñándole la Medalla Milagrosa y su oración: «Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos», en la Salette en 1846, en vísperas de la Revolución de 1848, en Lourdes, confirmada la proclamación dogmática del beato Pío IX en 1858, y en Fátima en 1917, año de la Revolución rusa, fueron sobrenaturales intervenciones directas de la Santísima Virgen, en contrapartida al avance de las sucesivas fases del proceso de apostasía de los pueblos cristianos, iniciado tras la catástrofe histórica que se conoce con el nombre de Revolución francesa y su declaración de los «derechos del hombre», elaborada para ser opuesta a los «derechos de Dios».
Marysia resumía su pensamiento: «¡Estamos en la hora de María!», cuando, deteniéndose un instante, como quien reflexiona, de pronto añadió: «¡Permítanme una sugerencia! Su revista profesa, sobre todo, la devoción al Corazón de Jesús, como medio providencial para que sea un día una espléndida realidad su reinado de amor en todo el mundo, mas ¿por qué no recurren más explícitamente a la advocación de María como el padre Kolbe? Deberían ustedes hacer entrar a la Virgen María en todas sus cosas, comprometiéndola en todo lo que hacen. ¡Jesús quiere triunfar por María!, invóquenla en todo, hablen de ella más a menudo. Si así lo hacen, les garantizo que vencerán todos los obstáculos que se levanten ante su obra de apostolado.»

La consagración de «Schola Cordis Iesu»

Escribe el articulista que la idea no les dejó sosegar. «¿Había en las palabras de Marysia Winowska una indicación providencial? ¿Nos habríamos mostrado deficientemente devotos de nuestra Madre, o no habríamos acertado a comunicar a la revista nuestra devoción?, y por otra parte, ¡la idea era tan conforme al espíritu del Apostolado y de nuestro padre Ramière! que apoyaba en María sus esperanzas en el triunfo del Reino de Cristo y de su Iglesia en el mundo. Recurrimos a quien pudiese resolver nuestra inquietud (el padre Orlandis), y nos confirmó en nuestro plan de consagrar Schola al Corazón de María».
Hace cuatro años que su imagen, en una excelente copia de la obra de un pintor mejicano del siglo xvii, preside nuestra capilla. El lienzo simboliza el Corazón de María recibiendo los efluvios de gracia que proceden de la Santísima Trinidad y desde su Corazón maternal los derrama sobre la Iglesia, quien los vierte a su vez sobre la tierra, haciendo germinar en ella las virtudes de María. Ante esta imagen, Schola Cordis Iesu, ha hecho su consagración al Inmaculado Corazón de María, Madre de Cristo Jesús y del Cristo Místico, Mater Divinae Gratiae. Y esta consagración es, al mismo tiempo, un llamamiento. Porque Cristiandad ha nacido de Schola Cordis Iesu y de ella recibe su vida. Si los miembros de Schola quieren dar eficacia a su consagración y que ésta no sea una mera fórmula, deben recordar que están comprometidos en una empresa que Dios y la Virgen han puesto en sus manos: difundir infatigablemente el ideal del Reino de Cristo por la devoción a los Corazones de Jesús y de María por medio de Cristiandad.

En 2004, y en su 60º aniversario Cristiandad recordaba: «La consagración de Schola Cordis Iesu se hizo con el deseo de poner en manos de la Virgen la tarea que Dios nos encomienda: difundir infatigablemente el ideal del Reino de Cristo por la devoción a sus divinos Corazones». Trece años después, en el centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Cristiandad quiere actualizar esta su consagración reafirmando su esperanza en que su Corazón Inmaculado triunfará y traerá al mundo el reinado social de su Hijo Jesucristo. A ello dedicará en cada número unas páginas conmemorando tan singular acontecimiento y valorando su providencial trascendencia.