María, madre y medianera de la misericordia. Venerable padre María Eugenio del Niño Jesús

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El padre María Eugenio del Niño Jesús, OCD (en el siglo Enrique Grialou), nació en Francia en 1894 y en 1922 ingresó en la Orden de los Carmelitas Descalzos. En 1932 fundó el Instituto Secular Nuestra Señora de la Vida (Notre-Dame de Vie), presente hoy en varios continentes. En 1949 publicó su libro más conocido, Quiero ver a Dios, suma de teología espiritual de inspiración carmelitana. Falleció en Venasque (Francia) en 1967. Es, para muchos, uno de los que mejor ha entendido el mensaje de santa Teresa del Niño Jesús. El papa Francisco ha reconocido recientemente el milagro por el que el padre María Eugenio del Niño Jesús será beatificado.
Al margen de los diferentes libros escritos por el padre María Eugenio del Niño Jesús, se han transcrito recientemente algunas de sus conferencias y homilías. En ellas encontramos comentarios muy hermosos sobre la figura de la Virgen María como madre y medianera de la misericordia de Dios.
Al pie de la cruz, la Virgen recibió de su Hijo el don de convertirse en Madre de toda la humanidad. Ella es madre particularmente para hacer que la misericordia divina venga sobre los pobres sin méritos, sobre los que no saben adquirirlos o los que ya no pueden merecer. Ella interviene tanto en las debilidades personales como en los mayores desastres de la historia.
«Hay una mediación de todos los dones de Dios, Padre de las misericordias y de la luz, que pasa por el Hijo; pero hay luces especiales, hay un amor particular que va a la periferia, a la miseria, a los que no tienen derechos; un amor que va a la pobreza, a las zonas más difíciles de alcanzar por estar sucias, que va a las almas que no tienen la receptividad normal; es un amor que se impone para que el don de Dios pueda penetrar la miseria, la impotencia, la increencia quizá; o incluso que va a las almas espirituales que están en la noche, en quienes la fe parece también haber desaparecido. Parece claro que esta mediación, esta maternidad haya sido confiada a la Santísima Virgen.»
«… Dios ha encomendado a la Virgen María la distribución de la misericordia. (…) Este canal de la misericordia le ha sido confiado a la Virgen porque es Madre y porque es el privilegio de la Madre, de su corazón maternal, el no fijarse en los derechos de su hijo, en la dignidad de su hijo, sino fijarse únicamente en las necesidades de su amor».
«… Dios conserva sus derechos, es cierto, pero ya que la ha hecho madre, es justo que le permita ejercer su maternidad según sus leyes ordinarias. Dios observa las leyes de la justicia que ha creado, y sigue siendo justo cuando da a la Virgen todos los medios para ejercer su maternidad siguiendo las exigencias y las leyes de su maternidad. La Santísima Virgen es madre de los pecadores, madre de los pobres, madre de aquellos que tienen poco o nada de amor, pero les sigue amando porque son sus hijos. Es madre de los que están en la noche. Pues sí, Dios los mantiene en la noche, pues, porque es Dios, no puede dejar de deslumbrar. La Santísima Virgen se las ingenia para penetrar en la oscuridad de esta noche que crea la luz cegadora de Dios; ella es la Madre, tiene el don para hacerlo.
Si no aparece ella misma, sabrá manifestarse si no en las profundidades del alma, sí al menos en los sentidos humanos y naturales de esta alma para darle ánimos y orientarla hacia Dios. He aquí la maternidad de la Santísima Virgen, su mediación. La Virgen María es madre de la misericordia, distribuidora de la misericordia.»
El padre María Eugenio se apoya en diversos acontecimientos de la historia, y de la historia de la Iglesia en particular, para mostrar cómo, ante las situaciones desesperadas, María interviene con toda su delicadeza de madre:
«La Virgen es madre en el plano sobrenatural con los mismos privilegios, el mismo poder, la misma ternura, la misma delicadeza, que la madre en el plano natural. Y por lo tanto, en la Iglesia de Dios, ella considera las almas débiles y pobres como su feudo particular, ya que la debilidad pertenece a la madre o, mejor dicho, la madre se encarga muy especialmente de la debilidad.»