La banalidad de la cultura de la muerte

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El escritor José Jiménez Lozano, premio Cervantes de Literatura, ha escrito un artículo en Red Floridablanca titulado Honorables sociedades «in Behemoth» en el que confronta los signos de los tiempos: desacralización de la vida humana, muerte de los débiles, imposición de una moral estatal y, en palabras de san Juan Pablo II, apogeo de la cultura de la muerte. No, nada de todo esto es casual, sino que lleva siglos gestándose:
«La filosofía darwinista, en su versión maximalista, obtiene hoy un triunfo neto: el hombre debe considerarse un primate superior y conformar su vida según este principio, dejando de lado toda leyenda antropológica, como se denominó y denomina toda otra consideración valorativa que no sea la biológica; lo que en realidad es la liquidación de la cultura entera para dar paso a conformaciones de grandes granjas de aprovechamiento del ser humano, y todo ordenamiento social no tendría más que una razón funcional que sería la de ir adaptando a ese principio de la utilidad y la rentabilidad de los humanos en las condiciones más óptimas […]
Hasta mediados del siglo xix, nadie pone en duda la noción de santidad o sacralidad de la vida humana, y solamente a fines de ese siglo y comienzos del xx, con el «revival» del darwinismo, comienza un debate intelectual sobre el infanticidio, la eutanasia, el aborto, el eugenismo y el suicidio, o racismos y necesarios exterminios, u ofrecimiento de órganos sanos a una cierta edad determinada por la ley. Y ya estos asuntos han sido mentados en altas reuniones científicas de ahora mismo. Porque ya quedaron alteradas y heridas las concepciones hasta entonces admitidas del puesto y valor de la vida humana en el cosmos. […]
Y tal es el punto de partida desde el que se derivan las lógicas consecuencias para la conformación de una especie cada vez más perfecta y de una sociedad más racional y tendente también a este fin. Esto es, sencillamente, la muerte de los débiles y quienes suponen un coste social y unas trabas de cualquier tipo a una vida individual de animal hermoso y perfecto. Y ya se ve que no es una moral relativista la que se propone, sino toda una moral valorativa y constrictiva, guiada por ese espíritu del servicio social y de la especie, y de decisión político-económica.
[…] Con ejecuciones de los exterminadores científicos en Auschwitz concluyó la práctica de la Science in Behemoth o de la Nazi Medicine, pero el Doctor Rothman caracterizó a los años cincuenta como la era del laissez-faire en el laboratorio. Y en el medio siglo transcurrido no es que haya habido un dejar hacer, dejar pasar, sino que todo el ámbito de la Science in Behemoth ha adquirido honorabilidad intelectual y respaldo legal por cuanto los hombres de las nuevas generaciones políticas y científicas parecen admitir tranquilamente la nueva cultura del hombre como primate y la muerte integrada al progreso y como necesaria para él, en los estados modernos de las democracias avanzadas. El nihilismo alegre y satisfecho de los hombres felices y redondos de los que hablaba Nietzsche gusta, sin embargo, de pensar que la historia va hacia su plenitud, desechando tabúes, y ahora el de la muerte que no sería más que un equívoco semiótico, según el señor Paul de Mann. Y es la educación, claro está, la que se encargará de concienciar a las nuevas generaciones ilustradas de esta manera.»