El polémico genocidio armenio

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Este año se conmemora el centenario del genocidio armenio: la matanza sistemática de aproximadamente un millón y medio de armenios a manos del Imperio otomano. El Papa se ha hecho eco de este triste aniversario al afirmar el carácter genocida de los hechos al tiempo que recordaba, durante una ceremonia celebrada según el rito armenio en la basílica de San Pedro, que «esconder o negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin curarla». La reacción turca no se ha hecho esperar, llamando a consultas a su embajador ante el Vaticano y expresando su profundo malestar por las palabras del Pontífice.

Hitler, justificando sus planes en 1939 a sus más cercanos, se preguntaba: «¿quién habla ahora de la aniquilación de los armenios?» Pues bien, a pesar de las presiones turcas para silenciar los hechos, la verdad finalmente sale a relucir y hoy son cada vez más quienes hablan de ello, empezando por el propio Papa.

En 1914 vivían dos millones de armenios en los territorios del Imperio Otomano; en 1918 había desaparecido el 90% de ellos. Alrededor de un millón y medio habían muerto en sus propios pueblos y ciudades o de hambre y sed en las marchas que les obligaron a realizar a través del desierto sirio, en las que los pocos supervivientes eran finalmente asesinados. Cientos de miles de mujeres y niños fueron obligados a convertirse al islam y sólo se salvaron algunas decenas de miles que consiguieron refugiarse en el Cáucaso ruso.

El Imperio otomano estaba entonces en plena decadencia y había sido expulsado de los Balcanes y de Grecia, lo que llevó a una afluencia de población musulmana proveniente de las partes perdidas del Imperio que presionaba por tierras donde establecerse. Además, ante las numerosas derrotas, el Imperio otomano recurrió a un agresivo panislamismo, luego reforzado por el nacionalismo darwinista extendido entre la joven oficialidad, para el que los armenios eran una peligrosa anormalidad que podía abrir un frente interno en el contexto de la Guerra Mundial en la que estaban inmersos y que les enfrentaba a Rusia.

En enero de 1915, la nefasta campaña de invierno de Enver Pachá contra Rusia se saldó con la derrota turca en Sarikamis, en febrero las tropas británicas desembarcaron en los Dardanelos. En marzo se intensificaban las masacres y en abril el gobernador general de la provincia de Van emitía la siguiente orden: «exterminen a todos los varones armenios mayores de diez años». La orden de Talat Pachá fue más concisa: «Quemad. Derruid. Matad». Las escenas de atrocidades se sucedieron. A finales de agosto, Talat Pachá informaba al embajador alemán de que «la cuestión armenia ya no existe».