La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) se reunió del 11 al 13 de noviembre para celebrar su asamblea plenaria de otoño en Baltimore.
Entre los temas a tratar, y a propuesta de la Comisión para la Libertad Religiosa, liderada por monseñor Kevin C. Rhoades, obispo de Fort Wayne-South Bend (Indiana), la asamblea aprobó (con 215 votos a favor, 8 en contra y 7 abstenciones) consagrar los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús el día de su solemnidad del próximo año 2026, año en el que los estadounidenses celebrarán el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.
Durante su intervención, monseñor Rhoades recordó que este año se cumple el centenario de la publicación de la encíclica Quas primas de Pío XI en la que instituía la fiesta de Cristo Rey y recomendaba la piadosa costumbre de consagrarse uno mismo, las familias e incluso las naciones al Sagrado Corazón de Jesús como una forma de reconocer la realeza de Cristo. Y encomendar la nación al amor y cuidado del Sagrado Corazón de Jesús es también una oportunidad «para recordar a todos nuestra tarea de servir a nuestra nación perfeccionando el orden temporal con el espíritu del Evangelio, tal como lo enseñó el Concilio Vaticano II».
«En su cuarta y última encíclica, Dilexit nos , el papa Francisco –continuó el obispo de Fort Wayne-South Bend– puso la devoción al Sagrado Corazón en el centro de la vida católica como el máximo símbolo del amor humano y divino, llamándolo fuente de paz y unidad. (…) Francisco escribió sobre cómo el Sagrado Corazón nos enseña a construir en este mundo el reino de amor y justicia de Dios. Luego, en su primera exhortación apostólica, Dilexi te , el papa León XIV, siguiendo la enseñanza del papa Francisco, nos invita a contemplar el amor de Cristo, el amor que nos impulsa a la misión en nuestro mundo sufriente de hoy».
Para ayudar a los católicos a prepararse para la consagración, monseñor Rhoades indicó que los obispos elaborarán materiales para la oración (entre los que se encontrará una novena nacional de oración) y otros recursos para que las diócesis, parroquias y grupos los utilicen para animar a los fieles a preparar este acto mediante la adoración y las obras de misericordia ya que, como afirmó el arzobispo de Seattle, monseñor Paul Étienne, «en última instancia invita a las personas a una relación más profunda con la persona misma de Jesús». De hecho, los obispos desean que esta consagración no sea un mero acto simbólico sino un itinerario de conversión personal y comunitaria. «Queremos que toda la Iglesia en Estados Unidos participe de esta renovación espiritual –dijo el prelado–, para que cada corazón se una al Corazón de Cristo».











