Como explica la Red Mundial de Oración del Papa, el suicidio es un tema relevante en la sociedad contemporánea. Según la Organización Mundial de la Salud, de hecho, cada año en el mundo se quitan la vida unas 720.000 personas, es decir, poco menos de 2.000 al día. Más de la mitad de los suicidios globales (56%) ocurren antes de los 50 años, y la franja de edad de 15 a 29 años se ve particularmente afectada: para este grupo de edad, el suicidio es la tercera causa de muerte, y entre las chicas y las jóvenes adultas es incluso la segunda. El 73% de las personas que se quitan la vida viven en países de ingresos bajos y medios, pero las naciones más ricas no están exentas del riesgo: en Estados Unidos, por ejemplo, la tasa de suicidio actual es un tercio mayor que la del año 2000.
El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2280-2283) recuerda que el suicidio contradice el amor a sí mismo, a los demás y a Dios; sin embargo, los trastornos psíquicos graves, la angustia o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura pueden atenuar la responsabilidad personal. Al mismo tiempo, invita a no desesperar de la salvación eterna de quienes se han quitado la vida, confiándolos a la misericordia de Dios y a la oración de la comunidad.
Ante esta problemática, en los últimos años la Iglesia ha aumentado progresivamente la atención a la salud mental, tanto en la oración como en la pastoral. Este mes de noviembre, mes de difuntos, el Papa ha querido dedicar su intención de oración a «las personas que luchan con pensamientos suicidas, para que encuentren en su comunidad el apoyo, la asistencia y el amor que necesitan y se abran a la belleza de la vida».
«Señor Jesús –nos invita a rezar el papa León XIV–, tú que invitas a los cansados y agobiados a venir a ti y descansar en tu Corazón, te pedimos este mes por todos aquellos que viven en la oscuridad y la desesperación, especialmente por quienes luchan contra los pensamientos suicidas. Que siempre encuentren una comunidad que los acoja, los escuche y los acompañe. Concédenos un corazón atento y compasivo, capaz de ofrecer consuelo y apoyo, así como la ayuda profesional necesaria. Que sepamos estar cerca con respeto y ternura, ayudando a sanar heridas, crear lazos y abrir horizontes. Que juntos podamos redescubrir que la vida es un don, que sigue habiendo belleza y sentido, aun en medio del dolor y sufrimiento. Sabemos bien que quienes te seguimos también somos vulnerables a la tristeza sin esperanza. Te pedimos que nos hagas siempre sentir tu amor para que, a través de tu cercanía hacia nosotros, podamos reconocer y anunciar a todos el amor infinito del Padre que nos lleva de la mano a renovar la confianza en la vida que nos das. Amén».









