El papa Francisco, en diversas ocasiones, impulsó el estudio del posible acceso de las mujeres al diaconado.
La primera comisión que trató el tema, basándose en la investigación histórica, declaró que «la Iglesia ha reconocido el título de diácono/diaconisa en diversas épocas, lugares y formas como referido a las mujeres, pero atribuyéndole un significado no unívoco», es decir, que no fue concebido como el simple equivalente femenino del diaconado masculino y no parece haber tenido un carácter sacramental.
Sin embargo, como afirmó el papa Benedicto XVI, una perspectiva puramente histórica no nos permite alcanzar una certeza definitiva sino que la cuestión debe decidirse a nivel doctrinal.
Por este motivo, una segunda comisión ha continuado el estudio de las cuestiones relativas a la ordenación de mujeres como diáconos desde un punto de vista teológico y pastoral entre 2021 y 2025.
En la segunda sesión, celebrada en julio de 2022, en un intento de llegar a una formulación sinérgica, la comisión afirmó que «el status quaestionis en torno a la investigación histórica y la investigación teológica, consideradas en sus recíprocas implicaciones, excluye la posibilidad de proceder en la dirección de la admisión de las mujeres al diaconado entendido como grado del sacramento del Orden. A la luz de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del magisterio eclesiástico, esta valoración es sólida, aunque no permite formular hoy un juicio definitivo, como en el caso de la ordenación sacerdotal».
Resumiendo el trabajo de las comisiones mencionadas, el cardenal Giuseppe Petrocchi, presidente de la segunda comisión, publicó el pasado 4 de diciembre una nota en la que afirma que «el conjunto de la documentación demuestra una intensa dialéctica teórica y existencial entre dos orientaciones teológicas (como también lo demuestran los resultados de algunas votaciones de las comisiones). Una de ellas insiste en que la ordenación del diácono es «ad ministerium» y no «ad sacerdotium»: este factor abriría el camino a la ordenación de diaconisas. La otra, sin embargo, insiste en la unidad del sacramento del Orden, junto con la significación esponsal de sus tres grados, y rechaza la hipótesis de un diaconado femenino. También señala que, si se aprobara la admisión de mujeres al primer grado del Orden, su exclusión de los demás grados sería inexplicable.
«Los pronunciamientos de estas “escuelas” teológicas opuestas y la falta de convergencia en polarizaciones doctrinales y pastorales fundamentales –continúa monseñor Petrocchi– motivan el mantenimiento de un enfoque prudencial sobre la cuestión del diaconado femenino. Este enfoque debería respaldarse con investigaciones globales cada vez más sólidas, orientadas, con visión de futuro, a explorar estos horizontes eclesiales.
»En este contexto, parece esencial, como requisito previo para un mayor discernimiento, fomentar un examen crítico riguroso y amplio del “diaconado mismo”, es decir, de su “identidad” sacramental y su “misión2 eclesial, aclarando ciertos aspectos estructurales y pastorales que actualmente no están plenamente definidos. En esta “diaconía hacia la verdad”, la Iglesia debe actuar con “parresía” evangélica, pero también con la necesaria libertad de evaluación y transparencia discursiva».
Para acabar monseñor Petrocchi destaca la unanimidad existente en las diversas comisiones respecto a la necesidad de ampliar los «espacios comunitarios» para que las mujeres puedan expresar una adecuada participación y corresponsabilidad en los órganos de decisión de la Iglesia, incluso mediante la creación de nuevos ministerios laicos, y la urgencia de valorar la «diaconía bautismal» como fundamento de todo ministerio eclesial. Por último, afirmó que es necesario comprender y desarrollar cada vez mejor la «dimensión mariana», alma de toda «diaconía» en la Iglesia y en la humanidad.










