Clausurado el Jubileo de la Esperanza en la pasada solemnidad de la Epifanía del Señor, el papa León XIV se reunió con los 170 cardenales que acudieron al primer consistorio extraordinario de su pontificado los días 7 y 8 de enero con el objetivo de reflexionar sobre «Sínodo y sinodalidad» y «Evangelización y carácter misionero de la Iglesia a la luz de Evangelii gaudium», dejando para más adelante los otros dos temas –la constitución apostólica Praedicate evangelium sobre el papel de la Curia y su relación con las Iglesias particulares y la liturgia– propuestos por el Santo Padre.
En su discurso final al consistorio, el Papa recordó a los cardenales el núcleo esencial de su misión («ser testigos intrépidos de Cristo y su Evangelio en la ciudad de Roma y en las regiones más lejanas») y que, para ello, es importante vivir una auténtica vida espiritual que pueda dar testimonio en el mundo actual.
Los temas elegidos por el Papa para el consistorio están profundamente arraigados en el Concilio Vaticano II y en todo el camino que emergió de él, camino que el Santo Padre animó encarecidamente a continuar y al que él mismo dedicará las audiencias públicas de este año 2026. «Este camino –remarcó– es un proceso de vida, de conversión y de renovación para toda la Iglesia. La Evangelii gaudium y la sinodalidad son elementos importantes de este camino, (…) [que] es un camino de comunión para la misión, en el que todos estamos llamados a participar. Por eso son tan importantes los vínculos que nos unen».
El apoyo y sostenimiento de las Iglesias locales, la formación en seminarios, sacerdotes, obispos y colaboradores laicos o la importancia de la escucha son también algunos de los temas que han aparecido en el consistorio pero no se han podido tratar y en los que el Papa también se ha comprometido a seguir trabajando.
El Pontífice acabó sus palabras reiterando el mensaje de esperanza del Jubileo que acaba de concluir. «Es verdaderamente un mensaje que queremos ofrecer al mundo: hemos cerrado la Puerta santa, pero recordemos: ¡la puerta de Cristo y su amor siempre permanece abierta!».











