El pasado 3 de enero vivimos unos de esos momentos de inesperada aceleración de la historia. El régimen chavista venezolano parecía inconmovible: primero con Hugo Chávez, que gobernó desde 1999 hasta 2013 y luego con Nicolás Maduro, bajo un férreo control militar y con la cooperación de Cuba, China, Irán y Rusia, nada parecía hacerle mella. Ni los casi nueve millones de venezolanos que han tenido que exiliarse ni la deslegitimación internacional que supuso el fraude masivo en las últimas elecciones. En estos 26 años se han sucedido condenas, declaraciones y resoluciones de todo tipo contra el régimen, pero Maduro seguía tranquilamente en el poder, torturando y encarcelando impunemente a los opositores que no habían podido escapar del país. Y entonces Trump dio la orden y se desencadenó una compleja operación en la que, mientras diversos objetivos militares en Caracas eran bombardeados, un comando estadounidense capturaba a Maduro y su esposa y se los llevaban a Estados Unidos, donde serán juzgados acusados de narcoterrorismo. Una acción inédita que hace saltar por los aires muchos presupuestos sobre el ordenamiento internacional.
La operación no fue improvisada; muy al contrario, es el desenlace final de muchos meses de preparación y de una creciente presión. Desde el momento en que Trump definió a Maduro como narcoterrorista y un juez estadounidense emitió una orden de captura, Estados Unidos tenía cobertura legal interna para detenerlo. La presión se fue haciendo cada vez más grande: de maniobras navales frente a Venezuela se pasó a interceptar lanchas de narcotraficantes y petroleros que llevaban crudo, saltándose el embargo impuesto a Venezuela, principalmente con destino a China. Mientras tanto se preparó con todo detalle, y desde hace meses, la operación militar. Mientras, se negociaba con figuras del régimen, dispuestas a colaborar a cambio de amnistía. Y por fin, lo que nadie esperaba, la extracción del presidente y su esposa. Se inicia ahora una transición en la que se espera que elementos del propio régimen chavista lo desmantelen, tutelados por los Estados Unidos que, no obstante, no han desplegado tropas en el país, probablemente tras haber aprendido la dura lección de Afganistán. Las incertidumbres son muy grandes sobre cómo se desarrollará y adónde llegará esa transición, pero en cualquier caso, que Maduro haya sido apartado del poder es una buena noticia.











