El reino del Corazón de Jesús»: esta expresión nos hace comprender ante todo que el Hijo de Dios, cuando bajó a la tierra para conquistar a la humanidad, no quiso establecer su imperio sobre nosotros mediante la fuerza y el miedo, sino únicamente mediante el amor… establecer en el mundo el reino del amor sobre las ruinas del reino del odio satánico y del egoísmo humano; sustituir la ley del miedo, que hasta entonces era la única capaz de mantener la sociedad de los creyentes, por una nueva ley que se resumiría enteramente en el amor; hacer de esta caridad divina, que es la ley de los santos en el Cielo, la única ley de los peregrinos en la tierra, es una empresa que sólo un Dios podría concebir. Es aquella que Jesucristo concibió y que está, desde hace dieciocho siglos, en proceso de ejecutar; a esta empresa la llamamos el Reino del Corazón de Jesús.
Enrique Ramière, Méssager abril de 1863
Comentario:
El 11 de diciembre de 1925, S.S. Pío XI instituye en la liturgia de la Santa Iglesia, la solemnidad de Cristo Rey. Dilatándose el camino hacia la fiesta progresivamente, ésta obtiene su principio, y a esta luz hay que considerarla, en la promesa evangélica, y que Nuestro Señor revalida en la manifestación a santa Margarita María. La ansiada solemnidad del Corazón de Jesús en su universalidad (1856) se materializará cuando la caridad divina empape e informe todo el orbe humano: reinado del Corazón de Jesús. El padre Ramière hizo de la oración del padrenuestro enseña del Apostolado de la Oración, asumiendo la imagen de la misma caridad divina en un clamor universal: «¡Venga a nosotros tu Reino!». En el aspecto doctrinal, lo desenvuelve en dos líneas de trabajo, de las que una, su atención sistemática como esperanza teologal, y otra, mes a mes, como quien parte el pan a los pequeños. Esta última son páginas destiladas en El Mensajero del Corazón de Jesús, de donde tomamos un párrafo de la primera entrega (abril 1863, p. 151-163). Su conjunto se recogería en un volumen póstumo: El reinado social del Corazón de Jesús (Toulouse, 1892, 649 pág.).









