El pasado 4 de marzo la Comisión Teológica Internacional publicó un documento titulado «Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad» en el que se reflexiona sobre el misterio del hombre, coronado de gloria y dignidad pero también marcado por una profunda fragilidad, con el fin de poder interpretar las complejas condiciones de nuestro mundo actual.
El documento se estructura en torno a cuatro grandes apartados en los que se trata sobre desarrollo humano y tecnología (humanismo y posthumanismo), la vocación integral del hombre, la identidad de la persona humana y la redención en Cristo, que afirma, salva y eleva a la humanidad.
«En este momento del siglo xxi –concluye la comisión– la familia humana se encuentra ante interrogantes tan radicales que llegan a amenazar incluso su existencia tal y como la hemos conocido hasta ahora. (…) El impacto del desarrollo tecnocientífico, en particular el de la revolución digital, sobre la experiencia humana es muy profundo, tanto en lo que respecta a la relación con el ambiente natural como a la relación con los demás en la vida social, consigo mismo y con Dios. (…) La propuesta antropológica y cultural del cristianismo remite, hoy más que nunca, a una concepción de la vida como vocación, que hace posible un modo humano de habitar el tiempo y el espacio y de concebir las relaciones intersubjetivas, convirtiéndose también en un juicio profético sobre los aspectos más inquietantes que no podemos dejar de reconocer en el transhumanismo y el posthumanismo.
»(…) La visión cristiana de la vida articula la identidad con el reconocimiento de un don gratuito originario que nos precede, y con la aceptación de una tarea que se deriva del don, confiada por el amor de Dios a la libertad de cada persona y de los pueblos.
»En nuestras sociedades, agitadas por el sueño insistente de potenciar ilimitadamente lo humano cuando no de sustituirlo, la fe cristiana ofrece su propuesta teológica, pastoral y cultural. (…) El anuncio cristiano identifica un modo adecuado de ir más allá (trans) de los límites de la experiencia humana, mediante la divinización (theiosis) que solo es posible en Dios; es exactamente lo opuesto a la autodeificación de corte transhumanista. Su realización concreta es la vocación en Cristo».










