«Nuestro país sigue presenciando trágicos sucesos de masacres sin sentido, entierros masivos, lágrimas interminables y dolor. Se están produciendo asesinatos en masa en diferentes comunidades, en particular en las aldeas de Woro y Nuku, en el estado de Kwara, donde más de 200 personas, tanto cristianas como musulmanas, fueron brutalmente masacradas por decenas de yihadistas islamistas por negarse a abrazar el islam fundamentalista. Recientemente, en muchas partes del país, especialmente en la región norte y la franja central, se han registrado casos de ataques y asesinatos en masa que han involucrado a numerosos estudiantes, alumnos y fieles. Es más, mientras muchos agricultores no pueden regresar a sus fincas por temor a ser heridos o asesinados, muchas otras personas siguen desplazadas de sus hogares y zonas comerciales debido a las actividades de insurgentes y bandidos. En resumen, los pistoleros operan con descaro, libertad e indiscutibilidad».
Con estas palabras describía la situación de su país monseñor Lucius Iwejuru Ugorji, arzobispo de Owerri y expresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria (CBCN), en un comunicado emitido al finalizar la primera reunión plenaria de la CBCN en Abuja el pasado 26 de febrero.
De hecho, la persecución religiosa en Nigeria, particularmente dirigida contra la población cristiana asentada en la zona centro y sur del país, ha alcanzado niveles críticos en 2025 y principios de 2026, donde ya se habla de un verdadero genocidio o una limpieza étnico-religiosa. Durante 2025 se produjo el asesinato de más de 7.000 cristianos, numerosísimos secuestros y destrucción de iglesias y escuelas, violencia que continúa en 2026.
Precisamente el 26 de febrero mismo los terroristas prendían fuego a la iglesia de Santa María en Katchuan Irruan, perteneciente a la diócesis de Ogoja (Nigeria), quemando sobre el altar las vestimentas sacerdotales, los manteles del altar, todos los libros litúrgicos, el incensario, los cálices y todo lo que se utiliza para la liturgia, y dañando gravemente el templo. Además, también entraron en la casa parroquial y prendieron fuego a los dos coches del sacerdote.
Monseñor Donatus Edet Akpan, obispo de Ogoja, celebró una misa el domingo 1 de marzo en apoyo a la parroquia en la que animó a los fieles a ser pacientes y mantener la esperanza en Dios ante las dificultades.
«A quienes os bendicen, Dios les bendecirá. A quienes os hacen llorar, Dios les hará llorar –afirmó monseñor Akpan en la homilía–. Seguimos a un Dios que dijo que ninguna oscuridad era lo suficientemente oscura para Él. Él lo ve todo y lo revelará todo en el momento oportuno. Estamos en este espacio abierto para declarar al enemigo que no tenemos miedo». Y refiriéndose a los incendiarios, les advirtió: «Puede que estén aquí, pero les decimos: no les tememos, porque morirán en la vergüenza, a menos que se arrepientan. Decidles que Dios no está contento con ellos. No temblamos, porque sois impotentes y no les tememos».
«No dejéis de escuchar a Dios –continuó–, sobre todo cuando lo que veis parece contradictorio. La Biblia explica que la aparición de tres hombres [en la Transfiguración del Señor], entre ellos Moisés y Elías, anuncia al mundo que todo se cumple en Jesús y en el momento elegido por Dios. Debemos escucharle. Somos discípulos de Jesús. A veces, cuando vemos que suceden cosas extrañas, no debemos pensar ni decir: “¿Sigue vivo Dios?”. Dios viene a asegurarnos que no debemos perder la esperanza. Nuestro Dios está vivo. No tenemos miedo».









