El corazón habla al corazón». Con este título, tomado del lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia san J. H. Newman, la comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal en la que trata del papel de las emociones en el acto de fe.
El objetivo de dicha nota es orientar a los fieles en torno a las diversas iniciativas de primer anuncio del mensaje evangélico que el Espíritu Santo ha suscitado en nuestra época para facilitar a muchas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe, iniciativas en las que, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer «impacto» en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo.
Sin embargo, el uso de estos métodos de evangelización, constatan los obispos españoles, implica ciertos riesgos de los que hay que ser consciente para poder ordenar adecuadamente estas prácticas hacia el encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado y que el «impacto» de esta Buena Nueva no se desinfle poco después, sino que lleve a los fieles a configurar su vida entera con el Señor en la Iglesia, siento testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo.
Nuestra época, dominada por la llamada cultura postmoderna, presenta como uno de sus rasgos una mal entendida noción de la afectividad –ajena a toda referencia racional y reducida a sentimientos y emociones– y su absolutización en la caracterización de lo humano. Esta visión, que parece empapar todos los aspectos de la vida del hombre, influye también en la concepción de la vida espiritual. Por este motivo, los obispos españoles consideran determinante integrar adecuadamente todas las dimensiones de la vida psíquica y espiritual del ser humano, sin ignorar ni trivializar ninguna de ellas.
Para contribuir a ello –aunque sin pretender ser un estudio riguroso de antropología cristiana–, la nota recoge algunas reflexiones sobre la importancia de los sentimientos en la vida interior de toda persona humana y la necesidad de recuperar el corazón como el centro de la persona en el que se integra lo racional y lo sensible.
Además, el documento ofrece algunos criterios teológico-pastorales para ayudar a orientar las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio y que los fieles que se han encontrado (o reencontrado) con Cristo no se queden sólo en ese primer contacto con el Señor. Los obispos aconsejan a los responsables de estas iniciativas: presentar a Jesucristo en el marco de la Santísima Trinidad; discernir los sentimientos e integrarlos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad (san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, citan los obispos); profundizar en el contenido objetivo de la fe y en la doctrina católica mediante una formación integral y continua; integrar a los fieles en la comunidad eclesial y despertarles la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo; promover el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación; cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas.
«Con auténtico corazón de pastores –concluye la nota–, los obispos de la comisión episcopal para la Doctrina de la Fe de la CEE exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”».










