Un año más el Santo Padre ha publicado su mensaje para orientar la Cuaresma que acabamos de empezar y que pone su acento en la escucha de la Palabra y el ayuno como acciones concretas que nos ayudarán a unirnos más con el Señor.
«La Cuaresma –afirma el papa León XIV– es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas».
Con este fin el Papa ha querido llamar la atención esta vez sobre la importancia de estar abiertos a escuchar la Palabra de Dios. «Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor” (Ex 3,7)». Y esta escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad y de las necesidades del prójimo.
Y si la Cuaresma es tiempo de escucha, continúa el Santo Padre, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. «La abstinencia de alimento es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo».
El ayuno nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien. Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad, arraigándolo en la comunión con el Señor. Con este espíritu, el Papa nos invita este año a una forma de abstinencia muy concreta: la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo.
Finalmente el Papa nos llama a considerar también la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno para que la conversión trascienda lo individual y empape nuestras relaciones sociales y nos abra a nuestras comunidades eclesiales y a toda la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.











