El pasado 1 de noviembre el Santo Padre León XIV proclamó al cardenal Newman doctor de la Iglesia y al mismo tiempo, con motivo del Jubileo del Mundo Educativo, le nombró patrono, junto con santo Tomás de Aquino, de todas las personas dedicadas a la tarea educativa. Con este doble reconocimiento se ha querido subrayar la necesidad de orientar toda la labor educativa por la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza, especialmente en unos tiempos en los que parece prevalecer de un modo casi absoluto una educación reducida a conseguir una competencias con fines utilitarios.
Se insiste en todos los niveles educativos desde la ESO hasta la universidad de un modo desproporcionado en las habilidades profesionales de la educación, como si lo único importante fuera lograr al final de todo el proceso conseguir graduados máximamente eficaces en el engranaje del proceso social-productivo. Esta situación se ve agravada por la situación que vive el mundo actual. Como subrayó el papa Benedicto XVI en la homilía de beatificación del cardenal Newman: «en nuestros días, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para conocer la Verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas».
Esta fue la preocupación principal de Newman cuando fundó la Universidad Católica de Dublín de la que fue el primer rector. Para él, una universidad católica debía de estar impulsada por un propósito evangelizador. Una enseñanza que quiera reconocerse como tal, tiene que tener como norte orientador de toda su tarea la búsqueda de la verdad en todos los ámbitos sociales y científicos, y por ello mismo, deberá de contemplar la importancia decisiva de abrirse a la fe como aquella luz que necesita la razón humana para poder desplegar todas sus capacidades. De acuerdo con ello, señalaba Newman, la teología ocupará un lugar central en la enseñanza universitaria tal como había sido en los orígenes fundacionales de esta institución y así permaneció durante siglos.
La marginación de Dios de la vida social y pública ha dado lugar a una degradación de todo el edificio social y, como vemos en nuestro días, a una situación de inhumanidad extrema. Un bien tan preciado y absolutamente necesario como es la amistad ha sido sustituido por una soledad generadora de egoísmos, depresiones e incluso suicidios, exponente todo ello de esta inhumanidad radical. Paralelamente la marginación de la teología en la enseñanza universitaria lleva consigo a la fragmentación de una enseñanza construida por una suma de especialidades sin el menor asomo de unidad. No es de extrañar que se hable tanto del problema de desmotivación de estudiantes y profesores: esta actitud es fruto de haber perdido el sentido último de toda enseñanza. La razón de cultivar la inteligencia radica en la imposibilidad de satisfacer el deseo universal de felicidad propio de todo ser humano sin una actitud contemplativa y reflexiva que exige a su vez un buen uso de la inteligencia. La enseñanza con esta tendencia reductora y centrada en la utilidad práctica, ya no aspira a educar las inteligencias y con ello a toda la persona. Se reduce en el mejor de los casos a una instrucción más o menos amplia decorada en muchos casos con una debida erudición.
Newman en una de sus conferencias preparatorias de la fundación de la Universidad Católica de Dublín, publicadas posteriormente en forma de libro, afirma que si se pretende una enseñanza coherente con la fe, no se pueden negar las aportaciones al conocimiento de la realidad que se derivan de tener presente aquello que conocemos por la Revelación: «La doctrina de la Encarnación, ¿no posee a la vez la naturaleza de hecho histórico y de verdad metafísica? Si aceptamos la existencia de los ángeles, ¿no se trata acaso de un conocimiento en el mismo sentido de la afirmación del naturalista de que miríadas de seres vivos podrían coexistir en la punta de una aguja? Que la tierra será consumida por el fuego es, de ser verdad, un hecho tan palmario como que grandes monstruos habitaron sus profundidades; que el Anticristo vendrá es un título de un libro de historia tan apodíctico como que Nerón o Juliano fueron emperadores de Roma; que un divino influjo mueve la voluntad es un tema de pensamiento no más misterioso que el resultado de la volición sobre nuestros músculos, que admitimos como un hecho en filosofía. No consigo entender cómo sea posible para una mente filosófica aceptar, primero, estos hechos religiosos como verdaderos y decidir, luego, ignorarlos»
En la presentación de este número dedicado al cardenal Newman nos hemos centrado en estas reflexiones sobre la educación universitaria porque fue una de sus preocupaciones centrales a lo largo de su vida, y por ello mismo ha sido proclamado junto con Ssanto Tomás patrono de los que se dedican a la tarea educativa.











