LA IGLESIA, CUSTODIA DE LA VERDAD
El Concilio reunido en Nicea no introdujo una fe nueva, sino que proclamó la fe antigua y apostólica; y tomándola de las divinas Escrituras, la expuso con términos necesarios y precisísimos. Y empleó el término «consustancial», no como quien innova, sino como quien custodia la verdad, para que quedara manifiesto que el Hijo no es una criatura, sino que procede de la sustancia del Padre y posee con Él la misma naturaleza».
San Atanasio, De decretis Nicaenae synodi, caps. 19–20 (PG 25, 448–452)








