Con ocasión de la entrega de los premios de la revista Misión, su directora, Isabel Molina, dirigió estas valientes y certeras palabras a los asistentes al acto:
«Hoy vivimos una profunda crisis cultural y antropológica y, en medio de este panorama, las familias católicas no lo tenemos nada fácil.
Las ideologías dominantes han llevado al hombre y la mujer a perder de vista la altísima vocación a la que están llamados. La institución matrimonial, portento de sabiduría divina, se ha desvalorizado hasta tal punto que hoy se celebran poquísimos matrimonios; y los que se celebran sufren presiones insoportables para que se rompan. A nuestros niños se les roba la inocencia desde la más tierna infancia. A través de una pantalla se les expone a contenidos que corrompen su alma para que crean que su vida no tiene sentido, o para atraparlos en el horror de la pornografía.
Señores, lo que estamos viviendo no es normal. Se han traspasado líneas rojas que creíamos inquebrantables para acabar con nuestras familias, y someter al hombre y a la mujer a un igualitarismo que destruye el plan de Dios para el género humano.
Como nos decía la profesora Carmen Álvarez […], sabemos que lo que está en juego aquí es la batalla del hombre a favor de Dios o a favor de la serpiente. Ella nos decía que tenemos que luchar para que la lógica de la serpiente no se instaure en nuestros hijos, ni en nuestro matrimonio ni en nosotros mismos.
[…] La Providencia ha dispuesto que precisamente hoy sea la fiesta de santa Margarita María de Alacoque, la gran apóstol del Sagrado Corazón para nuestro tiempo. Sin duda esta es una señal que nos confirma que es posible restaurar el mundo bajo el imperativo del Corazón de Jesús. Él es la nota tónica, explícita, para moldear nuestras relaciones humanas, nuestras empresas, nuestros ambientes, ¡todo! A Él le pido que este evento nos sirva para redoblar esfuerzos, para unirnos, y para poner en marcha esta transformación desde el dulce caos de nuestro hogar, como diría mi querida Isis Barajas. Porque Dios a cada uno nosotros, a cada familia, le ha dado una misión. Lo que no hagamos por Él en cuotas de sacrificios, de oración, de trabajo, de entrega, nadie lo hará. ¡Tu misión y la misión de tu familia son únicas e irrepetibles!»











