Introito
Digno es el Cordero, que fue muerto, de recibir la virtud, y divinidad, y sabiduría y fortaleza, y honor. A Él gloria y poder por los siglos de los siglos. – Ps. ¡Oh Dios Padre! da tu poder de juzgar al Rey Cristo; y tu cetro de justicia al Hijo del Rey (Cristo). V. Gloria al Padre».
Oración colecta
«Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc. R. Amen.»
Prefacio de Cristo Rey
La Iglesia fundamenta aquí concisamente las razones por las que Jesucristo es Rey del universo, y describe en frases lapidarias la naturaleza de su Reino.
«Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, oh, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Que a tu Unigénito Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, sacerdote eterno y Rey del universo, le ungiste con óleo de júbilo, para que, ofreciéndose a sí mismo en el ara de la Cruz, como Hostia inmaculada y pacífica, consumase el misterio de la humana redención; y sometidas a su imperio todas las criaturas, entregase a tu inmensa Majestad su Reino eterno y universal: Reino de verdad y de vida; Reino de santidad y de gracia; Reino de justicia, de amor y de paz. Y por tanto, con los ángeles y los arcángeles, los Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo».
Oración postcomunión (Ps 28, 10- 11)
«Habiendo conseguido el alimento de inmortalidad, pedímoste, Señor, que cuantos nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, podamos perpetuamente reinar en la patria celestial con Él. Por Nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos».











