Para que todo el pueblo celebre la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey, Pío XI instituye la misma en 1925, quiere que se realice el domingo al final del año litúrgico y pide se renueve la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, tal como había establecido León XIII en 1899, y que san Pío X había modificado ligeramente.
Estas dos celebraciones de la consagración al Corazón de Jesús y la proclamación de Cristo Rey están íntimamente unidas y guardan mucha relación con la Adoración Nocturna, obra eminentemente eucarística, donde Jesús sacramentado es el centro de la espiritualidad de la misma.
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