La encíclica Quas primas fue promulgada por el papa Pío XI en 1925. En ella comienza hablando de la necesidad del reinado de Jesucristo sobre los hombres y los pueblos como el único medio eficaz para restaurar la paz en el mundo.
Además, para que esta enseñanza tan necesaria no fuera olvidada demasiado pronto, instituyó en honor de su universal realeza, una fiesta litúrgica que fuera a la vez memoria y reparación frente a la apostasía de las naciones, puesta de manifiesto en el laicismo contemporáneo. Así también, al instituir esta fiesta prescribió en esta misma solemnidad la renovación de la consagración del género humano al Sagrado Corazón «con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente».
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