Jesús, en las bienaventuranzas, afirma: «lo que hicisteis a uno de estos, mis pequeños, a mi me lo hicisteis.» (Mt 25, 40). En la obra de misericordia, no solo se atiende al necesitado, sino que se atiende a Cristo mismo. Así podemos entender que la atención a los pobres, a los más pequeños, pertenece a la Revelación, como nos enseña el Papa en la Dilexi te: «No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la Historia».
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