No han pasado cien años desde que Antonio Pérez-Mosso fue a la diócesis de Valparaíso, en Chile, larga tierra andina de mapuches, la del conquistador Pedro de Valdivia y los misioneros jesuitas que derramaron su sangre en La Araucanía, la tierra del sequísimo desierto de Atacama, de los volcanes y lagos del Sur y de la fría Patagonia. Antonio fue a Chile a formar seminaristas, primero en Valparaíso, luego en San Bernardo, diócesis del sur de Santiago. No han pasado cien años desde entonces, eran los años ochenta.
Dos sacerdotes, Antonio Pérez-Mosso y Jesús del Castillo, son llamados por monseñor Orozimbo a formar seminaristas en San Bernardo. En 1989 piden ayuda a Schola en España para esta labor formativa y Antonio Amado se ofrece a cruzar el Atlántico. Comienza entonces toda una labor de transmisión del tesoro de Schola Cordis Iesu. El seminario de San Bernardo queda entusiasmado con la espiritualidad del Corazón de Jesús, la infancia espiritual y las claves de la crisis del pensamiento moderno. Ya entonces, de un modo sutil, Schola estaba haciéndose internacional.
No hubo un programa, no hubo estrategias ni cálculos, sencillamente sucedió como suceden tantas cosas. Providencia. Una Providencia callada y pequeña. Pero fuere como fuere, toda una generación de sacerdotes en San Bernardo estaba ya penetrada por la piedad y la formación recibidas del padre Orlandis, Canals y compañía.
Algo tan sencillo como creer en la primacía de la gracia hace que un sacerdote no tenga miedo a sentarse horas en un confesionario, y ese sacerdote va dejando chispas de Sta. Teresita en un alma por aquí y en otra por allá. A la vez, al terminar de confesarse esa alma se encuentra con que está expuesto el Santísimo en la iglesia donde se ha confesado y, allí mismo, se arrodilla ante Cristo Rey. En pocos años, la diócesis entera estaba transformada. Algunos de esos seminaristas y sacerdotes fueron luego y son ahora rector del seminario, director espiritual, obispo de Villarica, y cada uno en su lugar, continúa transmitiendo lo recibido. Pudiera parecer que estas frases tienen algo de grandilocuencia, pero pretenden todo lo contrario. Todo esto sucedió sin cálculos ni estrategias. Antonio Pérez-Mosso, Jesús del Castillo y Antonio Amado sencillamente hablaron de lo que tenían en el corazón.
A día de hoy, un buen grupo de esos sacerdotes de San Bernardo siguen teniendo a Antonio como maestro y son buenos amigos de la comunidad de la Hermandad de Chile.
Con el tiempo Antonio Pérez-Mosso dejó aquella labor, volviéndose a España. Esto le permitiría dedicarse a cultivar algo que llevaba tiempo guardando en su interior: la Hermandad. Pero Antonio Amado se quedó en América, encontrando un colegio donde necesitaban profesores de filosofía. El colegio San Francisco de Asís, creado por don Alberto Vial Armstrong. De un modo natural, con su misma enseñanza, fue juntándose un grupo pequeño de personas en torno al colegio que se reunían con Antonio Amado para leer encíclicas y rezar el rosario. Es decir, a aprender y confiar. Aprender para confiar. Así es, la verdad de la historia, del Evangelio y del Magisterio conducen a la confianza. Era un grupo muy libre y fluctuante, unos iban y no volvían, otros permanecían más y otros menos. Leían Cristiandad, tomaban un café, algo de convivencia, un asado a final de año…
En torno al año 2005 ya había una conciencia en España de que existía Schola en Chile. Un grupo pequeño y muy libre, sobre todo formado por alumnos de filosofía y Antonio Amado. Grupo que fue abrazado por los sacerdotes de la Hermandad cuando en el año 2009, el colegio San Francisco de Asís les pidió atender espiritualmente el colegio. Tres sacerdotes de la Hermandad aterrizaron en la tierra de la cueca y el asado, sin chupalla ni capa, pero con un gran celo apostólico, con la ilusión de formar a todos esos alumnos y profesores en el magisterio de la Iglesia y con la esperanza de que siguiera creciendo esa legión de almas pequeñas con el que soñó el padre Orlandis.
Dieciséis años lleva la Hermandad en América. En este tiempo, su labor principal ha sido atender el colegio, además de atender parroquias en La Florida y en La Reina, distintas comunas de Santiago. Connaturalmente se ha ido formando un grupo de Schola en torno al colegio que ya no es sólo de alumnos de filosofía. Actualmente hay un buen grupo de alumnos que tienen una charla de formación los viernes por la tarde; hay otro grupo de jóvenes, universitarios y profesionales, que también tienen su charla de formación el viernes. Al terminar se unen los alumnos y jóvenes en una misma Hora Santa; hay otro grupo de matrimonios jóvenes con su formación y oración y otro grupo de adultos.
De algún modo, Schola y la Hermandad han configurado la formación catequética del colegio, en el que hay familias que viven su fe en otras realidades de la Iglesia, como pudiera ser el Camino Neocatecumenal o Schöenstatt. Pero además de esta formación, fruto del abrazo mutuo del colegio y la Hermandad, Schola tiene su grupo de formación y piedad que, poco a poco, va trascendiendo los límites del colegio. Está siendo una experiencia gozosa ver cómo jóvenes universitarios que no son exalumnos del colegio se están acercando a las charlas de Schola atraídos por su formación y su espiritualidad.
Nuestro sector en Chile, Las Condes, ofrece un contexto social y eclesiástico de muchas iniciativas apostólicas. Los colegios y universidades católicos ofrecen múltiples posibilidades de apostolado, especialmente a través de misiones en poblaciones más necesitadas. Algunos de estos proyectos misioneros ofrecen algo de formación, pero el acento es normalmente apostólico. Eso me hace pensar en la basta labor formativa que se le ofrece a Schola en estas tierras. Recientemente, a mediados de noviembre, más de ciento cincuenta jóvenes universitarios se bautizaron y confirmaron en la catedral de Santiago gracias a la labor apostólica de estas universidades. Muchos de estos jóvenes tienen el deseo de crecer en su conocimiento de la fe y el Magisterio. Muchos de ellos tienen algo maravilloso que descubrir en el camino de infancia espiritual. Muchos de ellos tienen sed de adoración y reparación de las entrañas misericordiosas de Dios. Schola tiene una noble y necesaria misión aquí en Las Condes, y quizás más allá. ¿Puedo imitar a monseñor Orozimbo y, desde este artículo, preguntar a Schola de España si alguno quiere venirse a formar tantas almas?
Propuestas a parte, el pasado sábado 18 de octubre, con muchísimo gozo pudimos juntarnos más de doscientas personas a celebrar los cien años de Schola Cordis Iesu. Fue una jornada sencilla de convivencia donde se vieron las caras de las distintas generaciones, unos para mirar con respeto a los más experimentados, otros para mirar con esperanza a los jóvenes. Y todos mirando al centro, al Corazón de Jesús. Pudimos hacer una consagración de Schola Chile al divino Corazón, poniendo en sus manos y a su servicio toda esta labor; celebramos una misa donde el padre Javier Jaurrieta recordó –con pasión– los fundamentos en que hemos sido formados y que queremos seguir transmitiendo; hubo adoración al Santísimo, entretenidos juegos donde se pusieron a prueba los conocimientos adquiridos, una buena paella cocinada por un ejército de cocineros, un compartir y un rosario final embellecido con lindas canciones chilenas a la Virgen.
Damos gracias a Dios por sus misteriosos y sencillos caminos, que no hacen sino confirmar que Él sigue queriendo celadores del Apostolado de la Oración, devotos de su Corazón, almas que, en pobreza y sencillez, se le consagran, totalmente desconfiados de sus propias fuerzas, que santa Teresita ha de seguir ayudando a las almas de todo el mundo a estar cada vez más en los brazos del Padre, y que el pueblo fiel tiene sed de piedad y formación que ilumine sus mentes y encienda sus corazones.











