»Por haberme dado facilidad en la predicación, unida a cierta fuerza de palabra.
»Por haberme dado también cierta facilidad para componer obras que puedan, espero, contribuir a su gloria, mérito después de mi muerte.
»Por haberme animado a emprender la obra del Apostolado de la Oración y otras afines, con las que puedo contribuir a dar a conocer y hacer amar el Corazón de Jesús.
»Por haber derramado abundantes bendiciones sobre estas obras, a pesar de mis infidelidades que deberían haber hecho estéril mi acción.
»Por haberme llamado a tomar una pequeña parte en la defensa de los derechos de su Vicario, violentamente atacados en la época del Concilio.
»Por haberme preservado, durante la guerra y la revolución, de peligros y pruebas que tal vez habrían sido mayores que mi debilidad.
»Por haberme dado, en medida infinitamente superior a mis méritos, la comprensión y el amor de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio y por disponer de ellos como palanca para elevarme por encima de mí mismo en cada uno de mis retiros.
»Doy gracias también a la misericordia de Dios por haber permitido que mis malas inclinaciones se manifestaran a través de las faltas, que me han hecho necesario combatirlas, mientras que siempre podría haberlas ignorado si no me hubieran hecho cometer caídas tan vergonzosas.
»Finalmente, doy gracias al buen Dios por los beneficios mucho mayores y más numerosos que se propuso para mí y de los que me privé por mi culpable resistencia a sus amorosos designios. Suplico a este divino Salvador, por su Sagrado Corazón, que no permita que esta insensata rebelión sea castigada sobre cabeza alguna que no sea la mía».
Comentario:
Finalizamos las notas que el padre Ramière llevaba siempre consigo en acción de gracias a Dios. Culminan con su etapa apostólica pública, recorriendo los años 1861 a 1884. Muestran la misión recibida: dar a conocer y vivir la caridad divina, que se nos muestra de manera existencial en el misterio del Corazón del Redentor. El padre Parra, al dar noticia de las mismas, comenta: «A los párrafos precedentes, podemos añadir uno más para dar gracias a Dios por habernos dado al padre Ramière: es uno de esos hombres que dan una clara impresión de la presencia y de la acción divinas».
Vals-près-le-Puy. Bajorrelieve en la primitiva capilla del Escolasticado de la Compañía de Jesús: aquí tuvo lugar la célebre exhortación del padre Gautrelet S.I. a un grupo de jóvenes jesuitas, entre los que se encontraba el padre Ramière. Fue el 3 de diciembre de 1844.










