Gregorio Luri aborda, en El Subjetivo, el debate sobre de quién es la responsabilidad de educar a los hijos que ha ocupado las páginas de todos los medios después de que la ministra socialista de educación, Isabel Celaá, haya negado que fuera de los padres. Y lo hace recordando una esclarecedora noticia aparecida el 23 de agosto del 2009 en el Diario de Navarra.
Allí se «informaba que un padre culto, consultor financiero, licenciado en derecho y en periodismo, que residía con su familia en el navarro Valle de Egüés, le había soltado una colleja a su hijo de 10 años al sorprenderlo peleándose violentamente con otro niño. Unos policías municipales, que estaban presentes, lo denunciaron por malos tratos. Unos meses después, el niño fue expulsado de la escuela por amenazar a un maestro. El padre lo llevó a comisaría y pidió a los policías que, puesto que parecían estar muy seguros de cómo se debe educar a un niño, se hicieran cargo del suyo. Si él actuaba como creía que debía de actuar, esos mismos policías volverían a denunciarlo.
Le contestaron que no entraba entre sus cometidos la educación de los hijos de nadie. Pero si eran capaces de juzgar a los padres –les observó el padre–, también debieran ser capaces de educar a sus hijos. Dejó al niño allí y salió de la comisaría. Esta vez lo denunciaron por desobediencia y abandono de un menor. En el juicio subsiguiente, fue absuelto, pero él consideró que los policías deberían haber sido condenados por denegación de auxilio».
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