La obra del Apostolado de la Oración se distingue de la mayoría de las demás asociaciones en que no impone ninguna carga nueva a sus miembros. No se requiere ninguna fórmula ni trabajo específico. Más bien, es una orientación general de la intención, un espíritu a adoptar —un espíritu de celo, espíritu verdaderamente apostólico— que debe aplicarse a las acciones y oraciones para asegurar su mayor eficacia y mérito renovado. Tampoco es una obra independiente que pretenda reemplazar otras obras, ni siquiera operar paralelamente a ellas; ni una archicofradía con su propia constitución y afiliada a cofradías locales: es una liga de celo y oración a la que todas las comunidades, congregaciones piadosas, así como los individuos que viven aislados en el mundo, están llamados a unirse, sin cambiar su organización ni complicar sus prácticas.
Pierre Toulemont, S.I.
Revista Études, 1862, p. 249
Comentario
El padre Toulemont, de la Compañía de Jesús, fue un muy notable apologeta en la segunda mitad del xix. Integraba la redacción de la nueva etapa que iniciaba en 1862 la prestigiosa revista Études. En la sección Bulletin des Oeuvres Catholiques saludó en reseña el libro que convulsionaría la sociedad católica de la época: «Apostolado de la Oración, Santa Liga de corazones cristianos unidos al Corazón de Jesús para el triunfo de la Iglesia y la salvación de las almas». Santa Margarita María expresó en su momento lo conveniente de una asociación en torno al Corazón de Cristo. Sería el padre Ramière quien lo pusiera por obra: la edición primera del Apostolado de la Oración recoge la voz deseo en 124 ocasiones, informando el conjunto de la obra. Y esta es la pregunta: ¿quién hay que no pueda unirse por el deseo al Corazón del Redentor? Con toda seguridad, nadie lo expresó mejor que santa Teresita del Niño Jesús. Los papas, ya desde Pío IX y hasta Francisco, han alabado comúnmente las notas del apostolado del Corazón de Jesús: ser una obra eminentemente católica y apostólica.
Études, nueva serie, tomo I, 1862










