«Soberano Señor sacramentado: presente está la Guardia Real nocturna de vuestra divina persona. No por nuestros méritos, sino por vuestra infinita misericordia, llegamos a los pies de vuestro trono. ¡Gracias, Señor! Nuestra consigna es adoraros por los que no os adoran, bendeciros por los que os blasfeman y maldicen, expiar nuestros propios pecados, con íntimo dolor del corazón, y desagraviaros por todos los que en el mundo se cometen; unir nuestras intenciones y súplicas con las vuestras para aplacar la ira de Dios justiciero y hacer que desciendan sobre la tierra las bendiciones de su misericordia. Mas, como tenéis dicho: pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá, llamamos ahora a la puerta de vuestro Sagrado Corazón, suplicándoos, por la intercesión de María Santísima y de nuestros santos protectores que nos recibáis y que nos escuchéis en audiencia privada. Como a monarca omnipotente y misericordioso, os presentamos con la mayor humildad y confianza el memorial de nuestras súplicas. Despachadlas favorablemente si conviene a vuestra gloria y a nuestra salvación eterna. Puesto que no sabemos lo demás que os hemos de pedir para agradaros, sugeridnos Vos mismo las peticiones que queráis otorgar y que el Espíritu Santo ore en nosotros con gemidos
inenarrables».
Jornada del Apostolado de la Oraciónen la Diócesis de Barcelona, para lucrar el Jubileo del Año Santo en la Santa Iglesia Catedral
Por: Sin FirmaFecha: Jul, 1974Número(s) de la revista: 521






