Las elecciones en Alemania del pasado 23 de febrero se saldaron con la derrota de la coalición gobernante formada por socialistas, verdes y liberales, que fueron castigados por sus políticas que han llevado al país a una crisis económica y de seguridad sin precedentes. Los socialistas han caído un 10%, los verdes un 2,5% y los liberales un 6,7%, lo que ha significado que no han podido superar el 5% necesario para entrar en el parlamento. La victoria se la llevaron los democristianos de la CDU/CSU liderados por Friedrich Merz, que han crecido un 4,5%, mientras que AfD (Alianza por Alemania) ha quedado en segundo lugar, duplicando sus resultados y obteniendo un 21% de los sufragios. El crecimiento de AfD se ha concentrado especialmente en el territorio de la antigua Alemania del Este y en las zonas rurales, territorios especialmente golpeados por las decisiones económicas de los gobiernos democristianos y socialistas. Estamos, pues, ante un importante cambio en los apoyos que reciben los partidos alemanes que, no obstante, tendrá un reflejo limitado en las políticas del nuevo gobierno del canciller Merz. La clave es el llamado «muro cortafuegos» que aplica el resto de los partidos
políticos a AfD, un compromiso de no pactar con la derecha soberanista y que ha llevado a los democristianos a anunciar que formarán gobierno en coalición con los derrotados socialistas. De este modo, los dos responsables de la crisis que vive Alemania van a continuar llevando las riendas del país. Porque fueron ellos los responsables de las políticas de «cero emisiones» que han provocado la pérdida de competitividad de la economía alemana y la subsiguiente crisis económica, y fue la antigua líder democristiana, Angela Merkel, la que abrió indiscriminadamente las fronteras del país a una inmigración masiva que ha multiplicado los atentados islamistas y ha generado un clima de inseguridad generalizado. Merz, durante la campaña, copió las propuestas de AfD en materia de inmigración, prometiendo un mayor control de las fronteras… para desdecirse pocas horas después de obtener la victoria electoral. En definitiva, aunque parece claro en qué dirección han votado los alemanes, el gobierno resultante de esos votos seguirá políticas muy similares a las que han sido rechazadas por la mayoría de los electores. En este contexto, la situación de la guerra en Ucrania, donde la nueva administración Trump parece poco dispuesta a seguir apoyando masivamente, tanto militar como financieramente, a la Ucrania de Zelenski, ha provocado el anuncio de Merz de que Alemania estaría dipuesta a liderar a una Unión Europea capaz de tomar el relevo a los Estados Unidos en su apoyo a Ucrania. Para ello Merz debe romper dos de los fundamentos de la Alemania federal nacida después de la segunda guerra mundial. Por un lado Alemania dice
estar decidida a armarse y a volver a tener un ejército poderoso, capaz de plantarle cara a cualquier potencia y de intervenir incluso fuera de sus fronteras, rompiéndose así el tabú antibelicista surgido del trauma de la Alemania nazi. Por otro, democristianos y socialistas han anunciado su determinación para dinamitar el freno a la deuda alemana y endeudarse por un importe de 500.000 millones de euros para financiar, entre otros proyectos, ese
rearme. En una Unión Europea en la que los países tienen niveles de endeudamiento insostenibles, era la Alemania poco endeudada la que sostenía el entramado del euro; al lanzarse ahora por el sendero de la deuda, se abren numerosos interrogantes sobre quién podrá sostener la zona euro en la próxima crisis por llegar. En cualquier caso, el orden mundial nacido del final de la segunda guerra mundial se está disolviendo ante nuestros ojos.
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