Vargas Cano de Santayana, Manuel, Al menos tú Ámame, Nueva Eva, 2023

EL Corazón de Cristo es el centro de la fe cristiana» subraya Mons. Munilla en el prólogo. Sin embargo, es fácil constatar que para una gran mayoría de cristianos –también entre los católicos– hay un profundo desconocimiento del Corazón de Jesús. ¿Qué significa afirmar que Cristo tiene corazón? ¿Qué quiere decir que ese corazón palpita vivo y palpita hoy por ada uno de nosotros? ¿Cómo darlo a conocer ennuestra sociedad? ¿Cómo explicarlo al hombre de hoy?
D. Manuel Vargas Cano de Santayana, sacerdote de la diócesis de Getafe y vicario coordinador del santuario del Cerro de los Ángeles, es autor y coautor de varios libros. Su experiencia personal y pastoral le han llevado a constatar que es preciso «evangelizar desde el Corazón de Cristo». Como afirma él mismo, es necesario mostrar que «Jesucristo vive hoy. Nos ama apasionadamente.
Es sensible a nuestra respuesta y tiene deseos de comunicar su amor al mundo entero». Mostrar al hombre de hoy que Cristo es una persona viva, hacerlo en 150 páginas y con lenguaje sencillo es todo un reto. Pero merece la pena porque es «asomarnos a lo más hermoso del cristianismo».
El corazón humano
El punto de partida y la línea argumental del autor es interesante. Otros autores –para hablar del Corazón de Jesús– comienzan por el significado de la palabra “corazón” en la Biblia, continúan mostrando que Cristo tiene corazón divino y humano, inciden luego en que ese corazón nos ama personalmente (y sufre desamor por las ingratitudes) y culminan con las promesas del Corazón de Jesús o algún otro apartado. Sin embargo, D. Manuel Vargas Cano ha optado por otra vía: el corazón humano está herido por el pecado, ha perdido la armonía y necesita reparación.
¿Cómo y quién podrá sanarlo?
El corazón humano es –además de un órgano biológico– la palabra que sirve para designar «lo más profundo de nosotros: los sentimientos, los afectos y los deseos, lo que defi ne nuestra manera de ser». El corazón de la persona es como la CPU del ordenador, el núcleo central. El autor a partir de aquí fundamenta de forma concisa, algunas ideas muy básicas de antropología cristiana: Qué es el hombre, cuál es su fi nalidad… para mostrar luego la falta de armonía en
el corazón por el desorden de las pasiones y el pecado. Y lo hace con un lenguaje y ejemplos comprensibles para cualquier lector profano.
Cristo tiene corazón
Aquí otra novedad de la obra: la formación religiosa del lector puede ser muy deficiente y este libro puede hacer gran bien a los creyentes y a los alejados, a católicos y a cristianos de otras confesiones; es un libro adaptado para un gran número de lectores que sientan un mínimo de
inquietud por la trascendencia. Por esto mismo, de forma ordenada y sucinta, con citas sabrosas y claras, se exponen nociones básicas del cristianismo: Cristo es el Mesías, Él es verdadero Dios y Hombre, cómo lo hemos conocido…
Reafi rmadas esas mínimas nociones de antropología y teología cristiana, ahora sí se aborda el núcleo y el objeto de la obra que no es solo expositiva (dar a conocer el Corazón de Jesús) sino también suscitar nuestra respuesta a ese amor personal por cada uno de nosotros: «Jesucristo me amó y se entregó por mí». «Al que ama le encanta complacer a quien ama, y no actúa por imposición externa, ni por miedo al castigo, ni pensando en recibir una recompensa».
Sí, la parte nuclear de la obra es mostrar cómo es el Corazón de Cristo, Él nos ama con amor de misericordia y a cada uno de nosotros. Y lo hace el autor con una sucesión preciosa de ejemplos extraídos del Evangelio, de encuentros (el paralítico de la piscina de Betesda, la mujer
adúltera, la samaritana, el ciego…).
Las bienaventuranzas, delicioso apartado en este libro, son la guía para irnos mostrando con ejemplos evangélicos cómo es el Corazón de Jesús y cómo quiere Él restaurar nuestro corazón. «El hambre del Corazón de Cristo tiene que ver con su ansia de redención, de restaurar en
el hombre su imagen y semejanza con Dios y de dar al Padre lo que es suyo». «Jesús en la cruz pronunció “Tengo sed”… pero Cristo estaba hablando de otra sed más trascendente: la sed de almas»… «Su Corazón tiene sed pero es también la fuente de la que mana el agua viva».
«Al menos tú ámame»
Es lo que demanda en correspondencia un corazón que se ha entregado hasta la última gota en la cruz –por cada uno de nosotros en particular–. Y es el deseo que el autor va sembrando en nuestro corazón en los apartados siguientes del libro.
Con respuestas sencillas y claras no desdeña posibles preguntas: ¿Cómo crecer en amistad con Jesús? ¿Tiene actualidad la devoción al Sagrado Corazón? ¿Qué significa «consagrarse»? ¿Qué es eso de la reparación al Corazón de Jesús? ¿Qué es el Reino de Cristo y qué signifi ca que Él quiere reinar?… «Olvidar esto convertiría nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús en mero intimismo espiritualista».
Sí, el Corazón de Jesús llama al nuestro con esa petición: «Al menos tú ámame». Y el nuestro –en justa correspondencia– debe responder al comenzar cada día: «Señor, hoy todo por ti».