Tiempos de tribulación, tiempos de esperanza

La actual pandemia ha afectado profundamente nuestras vidas y ha dado lugar a una variedad de reacciones que han puesto de manifiesto aspectos de la vida política, económica, familiar que estaban presentes pero permanecían ocultos por la intensidad y variedad de actividades de todo tipo que conforman la vida actual. Ante ello se levantan voces que presagian tiempos difíciles que serán tiempos de inseguridad, de tribulación, de temor ante un futuro incierto, porque se han derrumbado las falsas esperanzas que parecían satisfacer las ansias de disfrute del hombre actual. No podemos negar el fundamento real de estos pesimistas augurios. Sin embargo, durante estas ya largas semanas de pandemia cuántos hechos de todo tipo también son motivo para que podamos levantar nuestra mirada hacia Dios, contemplando como la Iglesia de un modo sin precedentes en su historia nos invita a confiar en la Virgen, repitiendo las palabras del Salmo: «En tus manos Señor están nuestros azares» (Sal 31,15).
Durante estos dos últimos meses se han multiplicado los actos de consagración a la Virgen de continentes, naciones, diócesis, parroquias etc… La Virgen ha estado presente en el inicio de la vida cristiana de muchos pueblos, innumerables naciones tienen una advocación mariana como patrona, tantos lugares que construyeron un santuario o ermita mariana en recuerdo de haber acudido a la Virgen pidiendo su protección con motivo de una peste de la que fueron librados y así podríamos extendernos sobre los lugares, momentos y circunstancias que dan testimonio de la intensa devoción mariana que ha caracterizado al Pueblo de Dios. Hoy de nuevo y de un modo propio de estos tiempos, es decir global, se ha elevado la oración de muchos pueblos y naciones pidiendo a la Virgen que nos acoja en sus brazos maternales en esta hora de tribulación. En las páginas de este número encontrarán una reseña de las principales consagraciones realizadas principalmente con motivo de la actual pandemia. De nuevo las palabras de la Virgen a santa Isabel: «me bendecirán todas las generaciones» han resonado en nuestros oídos y este es el motivo de una renovada esperanza.
Los males no solo físicos sino especialmente los espirituales se multiplican en el mundo actual, pero sabemos que ante la presencia de aquel que es el padre de la mentira y enemigo de Dios y del hombre, se nos ha dado un «gran signo en el cielo», «una mujer vestida de sol con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza» a la que reconocemos como la Inmaculada Virgen María. En estas circunstancias nos parece oportuno recordar la palabras llenas de esperanza del beato Pío IX en la bula «Ineffabilis Deus» que proclamaba el dogma de la Inmaculada: «Sentimos firmísima esperanza y confianza absoluta de que la misma santísima Virgen, (…) removidas todas las dificultades, y vencidos todos los errores, en todos los pueblos, en todas partes, tenga vida cada vez más floreciente y vigorosa y reine de mar a mar y del río hasta los términos de la tierra, y disfrute de toda paz… y despejada la oscuridad de la mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia los desviados y se forme un solo redil y un solo pastor».
¿ No podemos pensar que el hecho de tantas consagraciones realizadas en las actuales circunstancias a su Corazón Inmaculado es un augurio de su próximo triunfo?