Razón del número

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Conmemoramos en este número el 50 aniversario de la publicación de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, sin ninguna duda uno de los documentos del magisterio pontificio de los últimos años más discutidos y también de mayor trascendencia social ligada con la actual situación de la familia. Vivimos en un clima de desprecio que llega a la agresividad jurídica hacia todo aquello que es calificado como el modelo de la «familia tradicional», que al fin y al cabo no es más que un modo tendencioso de referirse a lo que es realmente la familia. Las consecuencias de ello están a la vista: descenso de las uniones matrimoniales, progresión del divorcio y del aborto, y junto a todo ello el efecto devastador de la drástica reducción de la natalidad, especialmente en el mundo de cultura originalmente cristiana. A pesar de la evidencia de los múltiples beneficios en diversos ámbitos sociales que se derivan de la fidelidad conyugal y de la fecundidad que ordinariamente la acompaña, estas características esenciales de la familia no están de ningún modo presentes en los programas de gobierno como un bien a salvaguardar y fomentar.
Se ha podido afirmar con fundamento que vivimos en una sociedad hipersexualizada, en la que se mezcla de un  modo singular  y aparentemente paradójico la banalización de la sexualidad con su desprecio, fruto de no querer reconocer la capacidad generativa de la relación sexual como el gran bien que brota de la misma naturaleza humana. Este punto de partida es el que dispone adecuadamente para la acogida de toda nueva vida que deberá ser cuidada por el único entorno que es capaz de hacerlo, la familia, es decir, por un padre y una madre que unidos en matrimonio para toda la vida, podrán no solamente cuidar  sino también educar a sus hijos, como el gran don recibido de Dios que les ha hecho partícipes de su paternidad.
Contemplando la situación social en que vivimos podemos constatar lo adecuado de calificar, como se ha venido haciendo, de profética la encíclica Humanae Vitae y no nos tiene que sorprender que surjan rumores de que ya ha llegado el momento de revisar las enseñanzas pontificias. Desde el momento mismo de su publicación se levantaron voces teóricamente autorizadas en distintos ambientes eclesiásticos juzgando de inoportuna y revisable la doctrina expuesta por Pablo VI. Sin embargo, el argumento principal en favor de declarar la ilicitud moral de la píldora anticonceptiva que se utilizó en la comisión preparatoria creada por Pablo VI fue la continuidad del magisterio  de la Iglesia sobre los criterios de moralidad del acto conyugal. Esta misma enseñanza ha sido reiteradamente confirmada por el magisterio de Juan Pablo II y Benedicto XVI y no creemos que se nos pueda juzgar de  aventurados si afirmamos  que estamos seguros  que lo será nuevamente cuando el papa Francisco trate explícitamente de esta cuestión.
Con devoción  y agradecimiento hemos querido hacer memoria del padre Mendizábal, un gran apóstol del Corazón de Jesús, que desde la dirección del Apostolado de la Oración tanto trabajó para que se difundiera y practicara esta providencial devoción. Schola Cordis Iesu le está especialmente agradecida por el consejo y apoyo que reiteradamente le dispensó.