Hace 75 años: La actualidad a la que aspiramos

Hace 75 años, la revista CRISTIANDAD centraba su número de noviembre en la conmemoración
de la fi esta de Cristo Rey. Al hilo de esta fi esta y de un artículo publicado por el director del «El
Correo Catalán», Claudio Colomer, sobre la «actualidad» de la revista CRISTIANDAD, el padre
Orlandis realizaba una refl exión sobre la verdadera actualidad a la que aspiraba y aspira esta
revista, afi rmando que CRISTIANDAD es una «revista de actualidad, pero no de actualidades».

 

La actualidad a la que aspiramos

CRISTIANDAD no quiere ser, en efecto, una revista de actualidades; no que por sistema tenga
en menos las publicaciones que honesta y prudentemente informan al público de los acontecimientos del día; empero jamás fue éste el ideal que la llevó a la existencia. Nunca jamás fue su propósito el satisfacer en el lector el prurito de enterarse de cuanto ocurra. El hombre moderno siente de esto una manera  de necesidad; y ésta se satisface con el conocimiento de lo exterior de los sucesos… Esta necesidad no crea la tendencia a la unidad, conténtase con lo múltiple, conténtase con la noticia del suceso, poco se preocupa por las causas, por las relaciones, por los resultados del suceso, si para conocerlo es necesario pensar.
Como explicación de su frase el señor Colomer propone ejemplos: «no es una revista cortical que le preocupe el último discurso del estadista éste o la última reunión del comité aquél. Precisemos nuevamente; el discurso y la reunión no le preocupan y le preocupan al mismo tiempo. No le preocupan en sí como hechos fugaces y limitados, pero le preocupan en cuanto síntomas o expresiones de la
permanente realidad histórica y doctrinal que la revista va sorprendiendo a lo largo de sus números».
Acierta el perspicaz articulista. CRISTIANDAD presume de amar la seriedad, y, no obstante lo limitado
de sus fuerzas y de sus recursos, no sabe contentarse con lo cortical, y trabaja porfiadamente por llegar a penetrar hasta el fondo de las actualidades. Ellas aparecen a simple vista inconexas, en un mero sincronismo o en una sucesión casual o carente de sentido… CRISTIANDAD para alcanzar a penetrar en el fondo de las actualidades procura en cuanto puede –distando mucho de alcanzarlo siempre– aquilatar el valor sincero de personas, de cosas, de sucesos; las promesas y amenazas que en sí entrañan o que por sus relaciones aportan; el derrotero que siguen al actuarse; el término
más o menos previsible hacia el cual se les ve avanzar; etc., etc.
En su trabajo incesante, que si es penoso es fructuoso, CRISTIANDAD se pone en guardia contra las intuiciones instantáneas; contra las visiones de campo limitado, que sólo atiendan a aspectos parciales del acontecer histórico o actual, así como de los factores y elementos que lo engendran o condicionan. Solo con estas cautelas y con otras parecidas se podrá llegar a vislumbrar o a rastrear lo que se
denomina el sentido de la historia; la razón formal, eficiente y final de las vicisitudes vitales del género humano, complicadas y multiplicadas, podemos decir, hasta lo infinito. Y lo que decimos del pasado histórico, no menos debe aplicarse a las actualidades fugitivas de lo presente…
La actualidad y nuestros lectores Más de una vez ha llegado hasta nosotros un benévolo consejo: que
actualicemos a CRISTIANDAD; que le demos actualidad. En cambio, el señor Colomer dice de ella que es revista de actualidad, pero no de actualidades, y hemos visto cuán bien y atinadamente acierta a distinguir ambos conceptos.
Y si un amigo lector lleno de buena intención y dotado de sentido práctico, pensara y con franqueza nos dijera que lo conveniente es hacer interesante a la revista con actualidad o con actualidades, que lo conducente es hacerse leer hasta conseguir aquella amplitud de difusión que baste para hacer que la vida de CRISTIANDAD sea robusta, segura y provechosa al mayor número posible de lectores, le responderíamos: su observación, lector amable, merece atención y gratitud. Nosotros no podemos dejar
de desear y de procurar por los medios legítimos y sensatos la mayor difusión de la revista. De la que ha alcanzado hasta el presente no podemos estar quejosos, ya que supera la que en sus previsiones nos pronosticaban nuestros amigos. Pero a la verdad, lector amigo, si para ganar suscripciones, hubiera de convertirse de revista de actualidad en revista de actualidades, nos condenaríamos a nosotros mismos como a traidores a nuestro ideal. Buscar la actualidad en las actualidades múltiples e inconexas, es no contentarse con las noticias y con las explicaciones que de ellas se den, en una palabra, con lo cortical, sino procurar llegar al fondo para descubrir su razón de ser y consiguientemente
su unidad, que es donde halla descanso la inteligencia. Nosotros tenemos de nuestros lectores tal aprecio que no tan sólo los juzgamos capaces de este proceso de adentramiento que partiendo de las actualidades alcance la actualidad, sino que además no podemos menos de pensar que son tales
que sepan disfrutar de la fruición intelectual, que es premio del trabajo que el tal proceso importa.
… Y la persona que educa su inteligencia en labores de tanto provecho intelectual, alcanzará como fruto
la verdad humana, que es la de más valor después de la divina, llegará a apasionarse por los nobilísimos goces intelectuales y además implantará y hará arraigar en su espíritu los hábitos de valor inapreciable de la seriedad en el pensar y del acierto en el juzgar modesto y seguro. Bien premiada se sentiría CRISTIANDAD, si con sus desvelos y sacrifi cios alcanzara que, a la par de sus redactores,
sus lectores progresaran en esta afición educativa, en el culto austero de la verdad, de que nos habla el insigne Donoso Cortés.
Confiamos en que CRISTIANDAD jamás se desviará de su ideal de seriedad. Su deber y su honor lo exigen. Mas eso no quiere decir que no deba al propio tiempo poner empeño en hacerse agradable a sus lectores. La seriedad no es rigidez. La perfección a que aspiramos consistirá en la junta, en la fusión de lo serio del fondo con lo agradable y atractivo de la forma y de la expresión. ¿La alcanzaremos? Dios lo quiera. Nuestra obligación es procurarla con la bendición de Dios y el auxilio de nuestros amigos. Actualidad, sí, pero la actualidad cuyo conocimiento aprecia en grado sumo, que desde el primer número declaró querer confesar y propagar como ideal es la suprema actualidad
de la realeza de Cristo…
La realeza de Cristo, suprema actualidad
La característica de los tiempos actuales es la rebelión contra la realeza de Cristo, el intento porfi ado de las naciones de emanciparse de Cristo Rey. La libertad proclamada y propagada por la Revolución francesa es la negación más o menos hipócrita de la fe de Cristo, porque encadena la razón; de la obediencia a la Iglesia de Cristo, porque es contraria a la dignidad del hombre e impide su desarrollo perfectivo… Que Jesucristo destruya su obra, que renuncie a su soberanía o la delegue en la humanidad, que otorgue una constitución democrática, que la asamblea de la humanidad tenga potestad para modifi car y abrogar leyes divinas y naturales a su talante, y el problema religioso planteado por la Revolución quedará resuelto automáticamente. Este es, lector querido, el espíritu, la mentalidad que la Revolución francesa ha inoculado en las venas de la humanidad. Este es el laicismo, que en expresión de Pío XI es una peste, una infección que va invadiendo el cuerpo social.
Entonces, ¿en qué consistirá la actualidad suprema de la soberanía de Jesucristo? Consiste precisamente en que la soberanía de Cristo, su acatamiento por los pueblos y naciones, es
el único remedio del mundo actual, el antídoto contra el veneno de rebelión inoculado por la Revolución. Sujétese el mundo a este divino régimen y recobrará la salud, y alcanzará la verdadera paz  Pax Christi in Regno Christi. Mas la soberanía de Cristo, no tan sólo es actualidad de remedio, es además actualidad de esperanza.