Prusia (II): la familia Hohenzollern y el protestantismo

En un principio existía solo Brandeburgo, territorio de unos 40.000 kilómetros cuadrados y centrado en
la ciudad de Berlín. Situado en medio de una uniforme llanura que se extiende desde los Países Bajos al norte de Polonia, el país brandemburgués ha atraído a muy pocos visitantes. No posee fronteras propias. Los ríos que lo cruzan son perezosas corrientes con meandros sin la grandeza del Rin o del Danubio. Monótonos bosques de abedules y abetos cubren la mayor parte de su superficie. Los suelos de gran parte de Brandeburgo eran de mala calidad. En algunas zonas, especialmente en torno a Berlín, el terreno era arenoso y ligero, de forma que los árboles no podían crecer en él. Era una entidad puramente política, formada por tierras tomadas a los paganos eslavos en la Edad Media y colonizadas por inmigrantes de Francia, Países Bajos, norte de Italia e Inglaterra, y también de las tierras germanas.
Desde principios del siglo X, Enrique el Pajarero y sus sucesores conquistaron territorio hasta el río Oder. Asentamientos eslavos como Brandeburgo y otros próximos pasaron a control imperial a través de la instalación de margraves. Su principal función era defender y proteger las marcas orientales. En 948 su hijo, el emperador Otón I, estableció margraves que ejercieron control imperial sobre los eslavos
paganos al oeste del Oder. Otón fundó los obispados de Brandeburgo y Havelberg. La Marca del Norte fue fundada como un territorio fronterizo en el noreste del Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, un gran alzamiento de wendos expulsó a las fuerzas imperiales del territorio que actualmente es Brandeburgo en 983. La región volvió al control de líderes eslavos. En el siglo XII, los reyes y emperadores
alemanes otonianos restablecieron el control sobre estas tierras. La Iglesia católica llevó obispos que, con
las ciudades amuralladas, protegían a los ciudadanos de los ataques. Con los monjes y los obispos, comenzó la historia del estado de Brandeburgo.
En 1150, Alberto fue nombrado margrave de Brandeburgo y su dinastía ascania (de Anhalt) se extinguió en
1320, pasando el control a los Wittelsbach de Baviera y a la casa de Luxemburgo, hasta el año 1415. Bajo éstos obtuvo el estatus de príncipe elector del Sacro Imperio Romano.
La familia Hohenzollern
L􀵺 familia de los Hohenzollern se remonta al siglo IX, siendo Tassillon el primer conde de Hohenzollern;
hacia el año 800, poseían las propiedades a unos 30 kilómetros al sur de Tubinga (actual Baden-Wurtemberg).
Sus descendientes eran poco conocidos hasta que Conrado fue nombrado primer conde de Nuremberg. Hacia 1330, Federico IV de Nuremberg realizó importantes servicios al emperador del Sacro Romano Imperio, Luis de Baviera, en su guerra contra Federico de Austria. Desde entonces la familia Hohenzollern sirvió con mucha fidelidad a los emperadores. En 1412, Segismundo de Luxemburgo, duque
de Brandeburgo, fue nombrado emperador y Federico VI de Nuremberg le prestó gran ayuda para llegar a este cargo.
Para pagar dichas ayudas y habiendo quedado el electorado de Brandeburgo sin sucesores, le vendió dicho país a la familia Hohenzollern, y el duque se convirtió en Federico I, príncipe elector de Brandeburgo. Este nombramiento fue confirmado en el Concilio de Constanza en 1415. Berlín era la capital de Brandeburgo. Desde este momento la casa Hohenzollern regirá el estado de Brandeburgo.
Su hijo Federico II, llamado el Elector de Hierro, sufre la revuelta de los berlineses, que llegan a destruir su castillo, pero se firma un acuerdo en Spandau, que ya muestra el carácter de la familia Hohenzollern. En 1506, su sucesor, Joaquín I (1499-1535) construye la Universidad de Frankfurt junto al Oder, llamada la Viadrina, que consigue un gran éxito.
Joaquín I fue muy contrario a la Reforma, prohibió la enseñanza del luteranismo en la Viadrina, a pesar de las presiones de Lutero y sus seguidores y apoyó muy intensamente la política de Carlos V de Habsburgo, emperador del Sacro Romano Imperio, pero en 1527, su mujer Isabel de Dinamarca se convirtió al luteranismo y huyó a Sajonia, donde se colocó bajo la protección del elector luterano Juan. El nuevo elector, Joaquín II (1535-1571), también católico cuando accedió al trono de Brandeburgo con el nombre de Joaquín II, en seguida siguió el ejemplo de su madre y se convirtió a la fe luterana, pero no se precipitó
a incluir formalmente su territorio en la nueva fe. Todavía le gustaba la antigua liturgia y la pompa del ritual católico. Deseaba fuertemente, además, no dar ningún paso que pudiese dañar la posición de Brandeburgo dentro del entramado de un Imperio todavía predominantemente católico.
Solo en el reinado del elector Juan Jorge (1571-1598), hijo de Joaquín II, las tierras de Brandeburgo comenzaron a desarrollar un carácter más firmemente luterano. Fueron nombrados luteranos ortodoxos para cargos profesionales en la Universidad de Frankfurt del Oder y la reglamentación de la Iglesia de 1540 fue revisada completamente para adaptarla más fielmente a los principios luteranos.
Sin embargo, en la esfera de la política imperial, Juan Jorge siguió siendo un partidario leal de la corte de los Habsburgo. Incluso su sucesor, el elector Joaquín Federico (1598-1608), opuesto al bando católico, suavizó su postura cuando subió al trono, y se moderó para obtener concesiones de la corte imperial.