Medio mundo se consagra a la Virgen

En estos tiempos de pandemia, cristianos del mundo entero recurren de nuevo a María con una de las primeras oraciones que los fieles dirigieron a la Virgen: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh, siempre Virgen, gloriosa y bendita!». Y no sólo eso, sino que diócesis y países del mundo entero se han consagrado a su maternal protección.
En el presente número de Cristiandad hemos dado ya noticia de la consagración de diversos países a la Santísima Virgen (España y Portugal –junto con Albania, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Eslovaquia, Guatemala, Hungría, India, México, Moldavia, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Kenia, República Dominicana, Rumania, Tanzania, Timor Oriental y Zimbabue–, Inglaterra, América Latina y el Caribe, EE. UU y Canadá, Filipinas, Brasil, Irlanda e Italia).
También algunas diócesis francesas se han consagrado al Inmaculado Corazón de María, implorando su protección y auxilio. Así, por ejemplo, monseñor Jacques Benoit-Gonnin, obispo de Beauvais (Alta Normandía), que había anunciado el inicio del «Año con María» el mes de septiembre con la renovación de la consagración de la diócesis a la Virgen María hecha en 1914, decidió modificar el calendario y adelantar dicha consagración al pasado 25 de marzo. «Somos conscientes –dijo monseñor Benoit-Gonnin– que estamos entrando en un momento decisivo de la historia, cuyo sentido profundo se nos escapa. Es tiempo de ofrecer nuestras vidas y libertades, como María y con ella, a Dios, que ama a todos los hombres, y dispone nuestro tiempo para la venida de un mundo de justicia, de fraternidad y de paz».
También la diócesis de Luçon (La Vendée), por iniciativa del monseñor Jacolin, su obispo, se consagró ese mismo día al Corazón Inmaculado de María para que ese dulcísimo Corazón «sea su refugio y el camino que les conduzca hasta Dios», terminando la ceremonia con un acto personal de consagración a Jesús por María según la oración de san Luis María: «Yo os escojo hoy, oh, María, en presencia de toda la Corte celestial, por mi Madre y por mi Reina. Os entrego y consagro, en toda sumisión y amor, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y el valor mismo de mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dándoos pleno derecho a disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, según vuestro deseo, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y la eternidad. ¡Amen! ¡Corazón Inmaculado de María, causa de nuestra alegría, rogad por nosotros!».
¿No serán estos acontecimientos que estamos viviendo pequeño trasunto del ya próximo triunfo de la Virgen, «por quien vendrá Cristo la segunda vez, como toda la Iglesia le espera, para reinar en todas partes y juzgar a los vivos y a los muertos»?