Razón del número

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Continuamos dedicando nuestras páginas a la preparación de acto de renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que se celebrará el próximo 30 de junio en el Cerro los Ángeles con motivo del cumplimiento del primer centenario, y aprovechando que estamos en el mes de mayo, mes de devoción mariana, hemos creído oportuno dedicar el presente número a glosar algunos aspectos de la devoción al Corazón Inmaculado de María tan íntimamente unida a la devoción al Corazón de Jesús.
«Ad Iesum per Mariam» ha sido divisa común en la vida cristiana, como nos han recordado tantos santos y ha sido enseñanza permanente del magisterio de la Iglesia. Dios ha querido que en la obra redentora de Cristo, la Virgen María ocupara un lugar único y esencial. Desde Belén al Calvario encontramos a Jesús en los brazos entrañables de su Madre la Virgen Santísima y al fijar nuestra mirada en estas escenas de amor y de dolor tendremos alguna noticia de cómo son los Corazones de Jesús y María. Acercándonos a contemplar a María encontramos a Jesús y viéndolo en su brazos nos sentimos también llamados centrar nuestra vida cristiana en algo tan sencillo y absolutamente necesario como es el tener a Jesús en nuestros brazos, es decir, en el centro de toda nuestra actividad y de nuestra vida. Y recordando las palabras de San Lucas que nos dice repetidas veces como la Virgen guardaba tantos momentos de la infancia de Jesús en su corazón, también podemos meditar en el amor de su corazón traspasado por el dolor al contemplar en su regazo el cuerpo tan herido de su Hijo que ha dado su vida por todos los hombres. Así nos lo enseña Pío XII en su encíclica Haurietis Aquas: «Por voluntad de Dios María estuvo inseparablemente unida a Cristo en la obra de la redención. puesto que nuestra salvación brota de la caridad y de los padecimientos de Cristo íntimamente unidos con el amor y dolores de su Madre»
El Cerro de los Ángeles también es una muestra del «Ad Iesum per Mariam». En primer lugar hay que tener en cuenta que la primera presencia religiosa que hubo en el Cerro fue justamente una ermita dedicada a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles construida a finales del siglo XI, en tiempos Alfonso VI tras la conquista de Madrid. Después de repetidas reconstrucciones continúa hoy la ermita de la Virgen presidiendo desde lo alto el Cerro, velando con su mirada amorosa a la imagen del Corazón de su Hijo. También es de notar que en el pedestal del monumento actual al Sagrado Corazón de Jesús está esculpida en bajo relieve la imagen de la Inmaculada, patrona de España que desde el siglo xviii, refleja lo que ha sido una historia de devoción y fidelidad a la Virgen María presente en tantos avatares teológicos, políticos y militares que han ido sembrando de ermitas y santuarios tantos rincones de España .
Como podrá comprobar el lector, al tratar del Inmaculado Corazón de María hemos querido hacer referencia de un modo especial a dos santos que se han distinguido por una especialísima devoción a la Virgen: san Luis María Grignon de Monfort y san Maximiliano Kolbe. En ambos casos sus vidas y sus escritos nos recuerdan que «Jesús ha venido al mundo por medio de la Santísima Virgen, y por Ella quiere reinar en el mundo» .
Estos tiempos, como consecuencia de la falta de fe, de un vivir como si Dios no existiera, de considerar que más allá de este mundo terrenal sólo nos esperará la nada, son tiempos de profunda aunque a veces oculta desesperación. Es por ello necesario tener presente el mensaje de estos santos, que afirman que estamos en una era mariana, de la presencia de la Virgen a través de múltiples apariciones y del magisterio de los Papas, para no olvidar que el reinado de María preparará el glorioso reinado del Corazón de Jesús.