Razón del número

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Como es ya habitual en nuestra revista el mes de mayo es dedicado monográficamente a la Virgen María y de este modo nos asociamos a lo que recordaba el beato Pablo VI en su encíclica Mense maio. «En efecto, este es el mes en el que los templos y en las casas particulares sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de su veneración. Y es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina misericordia».
No quedan lejos los ecos de la celebración durante el pasado año del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima que nos vienen a confirmar la convicción de que vivimos en tiempos marianos. Estos tiempos que san Luis María Grignion de Montfort anunciaba como primicia de un nuevo adviento «ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús».
Hemos evocado estos tiempos marianos a raíz de la multiplicación de aniversarios y celebraciones marianas que recordamos en los distintos artículos del presente número de la revista. En primer lugar, el establecimiento el pasado 11 de febrero por la Congregación para el Culto divino de la celebración litúrgica de la «bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia». Tiene que ser motivo de gozo y de esperanza, en las circunstancias presentes, tan revueltas y confusas en todos los sentidos, que el Papa haya querido que toda la Iglesia tenga de este modo más presente la necesidad de confiar en María y dirigirse a ella como Madre solícita que cuida de sus hijos en los momentos de mayor perturbación y desaliento y de este modo, como comenta el cardenal Sarah, santifiquemos nuestra vida y nos acerquemos más a su Hijo Jesucristo.
Las otras celebraciones relacionadas marianas son: los 800 años la fundación de la Orden de la Merced tan entrañablemente unida a la ciudad de Barcelona en sus orígenes fundacionales y tan popularmente extendida por los países de América por los misioneros mercedarios. También hemos querido recordar el año jubilar para la archidiócesis de Oviedo que se celebra con motivo del centenario de la coronación canónica de la Virgen de Covadonga. Una advocación muy ligada con nuestra historia ya que bajo su protección se inicia aquel periodo conocido históricamente con el nombre de la reconquista, gracias al cual, se mantuvo la fe cristiana y a pesar de tantos avatares ha permanecido hasta nuestros días. A ella le encomendamos los tiempos presentes y futuros con confiada esperanza. Finalmente damos noticia del 150 aniversario de la consagración de la Basílica de María Auxiliadora de Turín. Le gustaba repetir a Don Bosco que a esta advocación le debía todo el fruto apostólico de su vida.
Además de las secciones habituales el lector podrá encontrar un artículo sobre la última exhortación apostólica: «Gaudete et exultate». El papa Francisco ha querido recordar aquello que sin duda constituye el mensaje central del Concilio Vaticano II, tan a menudo olvidado: la llamada universal a la santidad. Nos unimos gozosamente a las palabras finales del Papa referidas a María: «Ella es la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña».