«No está bien acercarse a Jesús sin María». De la carta del padre Kolbe a Fr. Mateo Spolitakiewicz

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Querido hijo:
No una, sino muchas veces he leído tu carta y te comprendo perfectamente. Y, para comenzar, ¿por qué no iba a acordarme del buen Fr. Mateo?
Escribes: «No alcanzo a armonizar en mi alma el hecho de amar al mismo tiempo a Jesús y a María». Pero, ¿podías amar a la vez a tu padre y a tu madre, y además a tus hermanos y hermanas? Ciertamente, nuestro fin es Dios, la Stma. Trinidad, pero eso no impide amar a Dios Padre como Dios Padre, a Dios Hijo como Dios Hijo, al Espíritu Santo como Espíritu Santo, a Jesús como Jesús, a la Madre de Dios como Madre de Dios y después a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestros familiares, a los ángeles, a los santos, a toda la humanidad y, naturalmente, no a uno tras otro, sino a todos a la vez. No podemos pensar en todos en el mismo instante, pero eso no nos impide amar a todos de manera efectiva y simultánea.
Escribes también: «Estoy ante el sagrario, me quedo hablando con Jesús, etc.», y preguntas:
¿«Dónde está María, aquella sin la cual es difícil acercarse a Jesús. Aquella que es la vía más breve?». Debo añadir que no sólo «es difícil», sino imposible acercarse a Jesús sin María. ¿Por qué? Prescindiendo del hecho de que fue ella quien generó y alimentó a Jesús para nosotros, el acercarnos a Jesús es indudablemente una gracia y todas las gracias llegan a nosotros a través de ella, del mismo modo como Jesús mismo llegó hasta nosotros a través de ella.
Ahora podrías decirme: «¿Puedo hablar directamente con Jesús cuando no pienso en María?». Querido mío, no se trata de que tú debas sentir o pensar, sino de que esta es la realidad, aunque tú no pienses en ello. Si amas verdaderamente a Jesús, deseas, ante todo, cumplir siempre su voluntad y, por consiguiente, recibir también la gracia en la forma establecida por Él. Si tienes semejante disposición, entonces puedes, mejor dicho, debes dirigirte libremente al Stmo. Corazón de Jesús con la convicción de obtenerlo todo. Y si alguien se dijera a sí mismo: «Yo no necesito la mediación de nadie, no necesito a la Virgen; soy capaz de adorar y alabar yo solo al Stmo. Corazón de Jesús y pedirle lo que deseo», ¿no tendría razón Jesús en rechazarlo por una soberbia tan insoportable?
Sigues escribiendo: «Ella debe recibir al menos algo por parte mía, yo debo respirarla a ella, vivir de ella, consagrarme totalmente a ella, pensar en ella … Pero Jesús, es Él el manantial de la gracia y del amor, Él nos invita a sí, Él se dona en la santa comunión. En todo esto María nos sirve sólo de ayuda». Querido mío, ciertamente la fuente de todo bien, en cualquier orden, natural y sobrenatural (es decir de la gracia), es Dios Padre, que obra siempre por medio del Hijo y del Espíritu es decir, de la Stma. Trinidad. Es verdad que el único Mediador con el Padre es el Hijo Encarnado, Jesucristo, Dios y hombre al mismo tiempo, a través del cual nuestras alabanzas al Padre de humanas pasan a ser divinas, de limitadas adquieren un valor infinito y de tal manera se vuelven realmente dignas de la majestad del Padre. Es verdad que nosotros amamos al Padre en el Hijo, en Jesucristo, y que a Él tenemos que ofrecerle todo nuestro amor, para que en Él y por medio de Él el Padre reciba todo nuestro amor. A pesar de ello, es verdad que nuestros actos, incluso los más santos, no están libres de defectos y, si queremos ofrecérselos a Jesucristo puros y sin mancha, tenemos que dirigirlos directamente sólo a la Inmaculada y donárselos a ella en propiedad, para que ella los ofrezca como suyos a su Hijo. Entonces estos actos nuestros se volverán puros, inmaculados. Además, habiendo recibido un valor infinito por medio de la divinidad de Jesús, adorarán dignamente al Padre.
También la correspondencia a las gracias, que las criaturas han obtenido por medio del Hijo y del Espíritu Santo, vuelve al Padre sólo a través de este mismo camino, es decir, por medio del Espíritu Santo y del Hijo. o sea, por medio de la Inmaculada, Esposa del Espíritu Santo, y de Jesús unido hipostáticamente a la naturaleza del Hijo. Pero, ¿en la práctica? Hijo mío, tú puedes no conocer nada de estas hermosas verdades, no entenderlas, no recordarlas en absoluto y no ser capaz, con tu inteligencia limitada y tu imaginación, de conseguir siquiera hacerte una idea a nivel humano; pero si quieres cumplir siempre la voluntad de Dios (es decir, la voluntad de Jesús, la voluntad de la Inmaculada), entonces dedícate libremente a todas las devociones por las que te sientes atraído.
Es más, precisamente por el hecho de que nos hemos consagrado sin limitación a la Inmaculada, podemos acercarnos con mayor ánimo al Stmo. Corazón de Jesús a pesar de nuestra maldad. Así pues, en realidad, estamos consagrados entera, conspicua y exclusivamente a la Inmaculada con todas nuestras acciones, y en ella y a través de ella estamos consagrados entera, completa y exclusivamente a Jesucristo; y en Él, y a través de Él estamos consagrados entera, completa y exclusivamente a nuestro Padre celestial.