«En la escuela del Corazón de Jesús: tomemos a san José como nuestro maestro, protector y padre, y nuestro gozo será pleno»
SI los corazones de los discípulos de Emaús, a los que el mismo divino Maestro tachó de duros e insensatos, tan solo al calor de una conversación se enardecieron, ¡con qué fuego no debieron arder María y José, qué luz debió de inundarles en los largos años en que recibieron ...