Archivo del autor Gerardo Manresa Presas

Alepo, Berlín, Estambul

La lucha contra el yihadismo continúa marcando la actualidad internacional y nos deja noticias esperanzadoras y terribles tragedias. Entre las primeras, la liberación de la ciudad siria de Alepo, retomada por las fuerzas fieles al presidente Bashar al Assad con…

«Somos un pueblo con Madre»

Celebrar la maternidad de María como Madre de Dios y madre nuestra, al comenzar un nuevo año, significa recordar una certeza que acompañará nuestros días: somos un pueblo con Madre, no somos huérfanos. Comenzar el año haciendo memoria de la…

Navarra por santa María

El pasado 13 de noviembre, con motivo de la clausura del Año de la Misericordia en Navarra, se celebró en Pamplona una concentración mariana «Mater Misericordiae». Fue un acto multitudinario de gran fervor religioso y una profunda emoción filial en el que se juntaron en procesión diferentes imágenes marianas venidas de todos los puntos de la geografía navarra. El acto concluyó con la Eucaristía de clausura presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Mons. Francisco Pérez y la bendición papal. Al finalizar la Eucaristía, llegó un momento culminante y emotivo, cuando Santa María la Real (a la que acompañaban el cabildo y el arzobispo, obispo auxiliar y abades), fue despidiendo una a una por la puerta de la Misericordia a las imágenes venidas de los diferentes pueblos.

La devoción de España a la Inmaculada

En el primer viaje apostólico a España del papa Juan Pablo II (31 de octubre–9 de noviembre de 1982), en el discurso de despedida en el aeropuerto de Labacolla de Santiago de Compostela, dijo: «¡Hasta siempre, España! ¡Hasta siempre, tierra de María!». El 4 de mayo de 2003, en Madrid, al concluir la canonización de cinco santos españoles, el Papa se despedía diciendo: «Y con gran afecto os digo, como en la primera vez, ¡Hasta siempre España! ¡Hasta siempre, tierra de María!».

La espiritualidad de santo Domingo reflejada en la labor apostólica de san Vicente Ferrer

Es un hecho comprobado que el ardor apostólico y el espíritu ardiente de no pocas personas santas e intrépidas, han tenido continuidad en sus seguidores, aunque éstos a veces no hayan podido tratar personalmente a sus fundadores, sino que simplemente han heredado con gratitud y eficacia el don de sus enseñanzas y el resplandor de sus ejemplos. Esto lo podemos intuir y comprobar examinando la vida del fundador de la Orden de Predicadores, Domingo de Guzmán (1171-1221), y casi dos siglos después el intenso y prolongado recorrido misional de san Vicente Ferrer (1350-1419) que se hizo famoso en diversos países de Europa por su celo vibrante y conmovedor para sus contemporáneos.