«Encontrar a san José en don Bosco»

San Juan Bosco tenía una particular devoción a san José, bajo cuya protección ponía a todos los que se le confiaban. Destacaba del santo patriarca dos cualidades en particular: la ocultación humilde, para dedicarse totalmente a la santidad, y el ser el protector de los moribundos.
Una de las formas de vivir con especial devoción este año dedicado a san José es seguir las sencillas
indicaciones que da san Juan Bosco. En sus sueños había comprendido cómo el camino hacia el Cielo estaba sembrado de espinas, de pruebas y trabajos que afrontar, pero también era rico en perfumadas fl ores, rosas maravillosas que alegran el alma en medio de los esfuerzos del viaje. Son estas rosas las que san José gusta ofrecer a quienes le invocan: «Deseo que todos os pongáis bajo su protección. Si le rezáis de corazón, os conseguirá cualquier gracia, ya sea espiritual o temporal, que necesitéis», les decía el cura de Valdocco a sus muchachos en una Nochebuena de 1864.
Al presentar una publicación sobre la vida del Esposo de la Virgen María, Don Bosco destacó especialmente dos cualidades eminentes de san José que le hacen un poderoso intercesor también
para nosotros hoy en día.
La primera es la pequeñez, la ocultación humilde a los ojos del mundo para dedicarse por completo a lo
que realmente cuenta: la santidad del alma. «En el mismo silencio sagrado del que está rodeada su vida, encontramos algo misterioso y grandioso. Estaba previsto en la economía de la divina Providencia que san José se mantuviera en la sombra, mostrándose sólo lo necesario. Pero aunque no podamos penetrar en el santuario del corazón de José y admirar las maravillas que Dios obró en él, sostenemos, sin embargo, que para gloria de su divino Pupilo y de su celestial Esposa, José debía reunir en sí mismo un cúmulo de gracias y dones celestiales. Como la verdadera perfección cristiana consiste en aparecer tan grande ante Dios como pequeño ante los hombres, san José, que pasó su vida en la más humilde penumbra, se encuentra en condiciones de proporcionarnos el modelo de aquellas virtudes que son como la flor de la santidad: la santidad interior».
La segunda es la de ser el protector de los moribundos. Don Bosco nos ofrece tres motivos por los que mereció este patronazgo:

«1º por el imperio amoroso que adquirió sobre el Corazón de Jesús, juez de los vivos y de los muertos y
su hijo putativo; 2º por el extraordinario poder que Jesucristo le otorgó para vencer a los demonios que asaltan a los moribundos, y esto en recompensa a que el Santo le salvó una vez de las asechanzas de Herodes; 3º por el sublime honor que José disfrutó por haber sido asistido a punto de morir por Jesús y María».
Don Bosco hacía también esta sugerencia práctica: «Me limito a recomendar a cada uno de vosotros
que rece un paternoster, un avemaria y un gloria en honor de san José antes o después de la visita que
os aconsejo hacer cada día al Santísimo Sacramento. También puedes invocarlo con algunas jaculatorias.
Por ejemplo, di en tu corazón: San José, ayúdame a ocupar bien mi tiempo. Si llega la tentación: sancte
Ioseph, ora pro me. Cuando te levantes por la mañana: Jesús, José, María, te doy el corazón y el alma mía. Por la noche, al acostarse: Jesús, José, María, asistidme en mi última agonía». En las prácticas comunitarias de piedad Don Bosco hacía cantar el himno Te Joseph celebrent antes de la bendición eucarística vespertina y ofrecía alguna lectura devota, invitando a todos a acercarse a la confesión y a la comunión.
A principios de marzo de 1869 entregó a los superiores de las primeras comunidades salesianas diseminadas por el Piamonte una lista de nueve fioretti, más una décima para el día de la fiesta de san José, que debían practicarse en todas las casas. Pueden seguir siendo una herramienta sencilla y eficaz para acompañar los nueve días de oración.
1° Sufrir, e incluso morir, pero no pecar.
2° ¿De qué me servirán las riquezas, los honores y los placeres cuando muera?
3° Tarde o temprano tendré que presentarme ante el tribunal de Dios.
4º Es una locura buscar la felicidad lejos de Dios.
5° Oh, qué larga será la eternidad.
6° Como se vive, se muere.
7° Dios no abandona al joven virtuoso.
8° Qué dulce placer descansar en paz con Dios.
9° ¡Oh, Paraíso, qué hermoso debes ser! Quiero ganarte.
10° En honor a san José, no mancharé mi lengua con palabras indecentes.