Poblet (VII): el abad de Poblet, Juan II y el príncipe de Viana

Durante varios siglos las relaciones entre los monarcas y el monasterio de Poblet fueron buenas y cordiales y, tan solo, se presentaban problemas en la defensa de derechos del monasterio o recursos a la Corona en pleitos o por injusticias sufridas, etc. pero nunca hubo implicaciones del monasterio en cuestiones políticas o bélicas. En el Compromiso de Caspe (1412) y la rebelión del conde de Urgel, no hubo ninguna intervención de tipo político ni por parte del abad, ni por parte de la comunidad; en cambio sí hubo una intervención política del abad Delgado en la guerra civil del tiempo de Juan II, en Cataluña.
El abad Delgado sucedió al abad Bartolomé Conill (1437-1458), elegido ya correctamente por la comunidad, tras las anomalías sucedidas en las elecciones anteriores con el Papa Luna.
La amistad de este abad Miquel Delgado con Juan II era muy grande, incluso debe significarse que coincidió casi exactamente su período abacial (1458-1478) con el reinado de Juan II (1458-1479). Juan II, antes de ser rey de Aragón, siendo infante, se había casado en primeras nupcias con Blanca de Navarra, y tuvo un heredero, Carlos, Príncipe de Viana. A la muerte de su esposa Blanca, su esposo, el infante Juan, tomó el título de rey de Navarra, y no quiso entregar el reino a su hijo Carlos. Enviudado en 1441 y siendo ya rey de Aragón, casó en segundas nupcias con Juana Enríquez (1447), con la que tuvo varios hijos, entre ellos Fernando, que años después sería el rey católico. Por influencia de su segunda esposa no quiso reconocer como rey de Aragón a su hijo primogénito Carlos y ello dio motivo a la guerra civil en Cataluña (la guerra de nyerros i cadells).
En enero de 1460, los catalanes exigían al rey el reconocimiento del Príncipe de Viana, como heredero, pero el rey Juan II no lo aceptó y citó a su amigo, el abad de Poblet, para exponerle la cuestión.
La actuación política del abad de Poblet pasó por diversas etapas. En la primera etapa, a pesar de su amistad con el rey, lo vemos muy ligado con el gobierno de Barcelona y defensor de las reivindicaciones de la Diputación contra el monarca.
Cuando Juan II encarceló al príncipe de Viana, en diciembre de 1460, la Diputación, al mes siguiente, decidió enviarle una embajada, y el abad Delgado acudió en ella. Dicha comisión instó al rey la liberación del Príncipe de Viana y la observancia de las leyes de la Patria. La actuación de la comisión, a pesar de la amistad del abad, fue muy enérgica y como fruto de ella los diputados y el Consejo de la ciudad de Barcelona, decidieron liberar a Carlos por las armas. El abad también formó parte de la embajada remitida por la Diputación a la reina Juana Enríquez a Zaragoza y por todo ello se logró la liberación del príncipe Carlos en marzo de 1461. Posteriormente el abad formó parte de otra embajada ante la reina para lograr la firma de la concordia. En esta época el abad Delgado, a pesar de la amistad con el rey Juan II, actuó a favor de las autoridades del Principado.
Pocos meses después de su liberación, en setiembre de 1461, falleció el príncipe de Viana. A partir de entonces el abad Delgado cambia su postura. En enero de 1462, Juan II le pide que vaya a Aragón a hablar con él y después se trasladó a Barcelona donde procuró mediar para evitar la rotura entre las autoridades del Principado y el rey Juan II, sin conseguirlo.
Juan II entró en Cataluña y tomó Balaguer por las armas y las autoridades le declararon enemigo del Principado, una vez iniciada la lucha contra las autoridades del Principado, Juan II le pidió al abad y al arzobispo de Tarragona que acudieran a su encuentro en Balaguer, pero el abad no fue personalmente. El abad, ante el uso de las armas, volvió a dudar sobre su postura ante la situación. Tanto el gobierno de Barcelona como el rey intentaron llevar al abad Delgado a su favor, pero tras varios meses de duda, en junio, el abad nombró un vicario en Poblet que le sustituyera, el padre Joan Agir, y él tomó el partido del rey Juan II. La ausencia duró desde julio de 1462 a julio de 1464, momento en que Lérida cayó en manos de Juan II.
Durante este tiempo en Poblet se creó un problema de autoridad, ya que el nombramiento de un vicario, asesorado por el consejo de ancianos, en vez de dejar el poder al prior, fray Pere Carbó, antiguo abad en tiempo de Benedicto XIII, creó problemas. El prior fray Carbó era muy partidario de las autoridades de Barcelona y acudió a estas autoridades para reclamar la autoridad del monasterio, pero la comunidad monacal lo desautorizó y se puso bajo la obediencia del abad, continuando la autoridad en manos del vicario con el consejo de ancianos. El prior Carbó se sintió menospreciado y se fue del monasterio.
En aquel momento la comunidad tuvo un papel importante en la defensa militar de la región y a través de las actuaciones del abad Delgado y por los trabajos realizados para el rey Juan II consiguió muchas rentas para el monasterio en la zona de Valencia.
De todas formas, la comunidad de Poblet no se sometió a la autoridad del rey hasta que éste conquistó las ciudades de Lérida y de Sarral, en 1464. A partir de entonces continuaron las buenas relaciones con Juan II y la confianza depositada en él trajo como consecuencia que el abad Delgado fuera elegido diputado eclesiástico de la Generalidad.