Kobe Bryant, salvado por su fe

La noticia del fallecimiento del jugador de baloncesto Kobe Bryant, junto a su hija y a sus acompañantes, cuando se estrelló el helicóptero en el que viajaban, nos impactó y nos recordó la fragilidad de la vida humana.
Poco después se supo que Bryant, que era católico, y su hija, habían asistido a misa y comulgado aquella misma mañana. Catholic News Agency se detenía en su vida y en cómo la fe había sido clave para superar los momentos más críticos:
«Bryant es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto de todos los tiempos. Se retiró en 2016 después de una carrera de veinte años con los Lakers de Los Ángeles, en la que el escolta ganó cinco campeonatos de la NBA, un premio MVP de la liga, dos campeonatos de puntuación y un sinfín de distinciones más.
Pero más allá del baloncesto, Bryant fue un marido y un padre que atribuyó a su fe católica el haber podido superar un período difícil en su propia vida y en la de su familia.
Bryant se crió en una familia católica y pasó gran parte de su infancia viviendo en Italia. Se casó en 2001 en una parroquia del sur de California. En 2003, Bryant fue arrestado después de ser acusado de violar a una mujer en una habitación de un hotel de Colorado. Bryant admitió haber tenido un encuentro sexual con la mujer, pero negó haber cometido una agresión sexual. Cuando la acusación se hizo pública, Bryant perdió a sus patrocinadores y se enfrentó a cargos criminales, que finalmente fueron retirados tras llegar a un acuerdo en un juicio civil.
Este suceso le llevó a buscar consejo en un sacerdote: «La única cosa que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, crecí católico, mis hijos son católicos– fue hablar con un sacerdote». Tras aquello, Bryant decidió confiar más profundamente en Dios.
Pero en 2011, Vanessa Bryant solicitó el divorcio de Kobe, citando diferencias irreconciliables. Pero Bryant dijo que decidió no renunciar a su matrimonio y dos años después su esposa retiró su petición de divorcio. Desde entonces Bryant, su esposa y sus cuatro hijas eran feligreses habituales en la parroquia de Nuestra Señora Reina de los Ángeles del Condado de Orange, California».